Si escuchamos bien, quizá todo es música, música desmedida en la Naturaleza, por tanta infinitud de sentimientos vertidos sobre ella...
Cuando tenía diez años, mi padre volvió de África, a toda la familia le trajo regalos especiales. Él decía, que: «cada persona, según su singularidad, tiene un regalo que le está destinado». A mi hermano mayor, le trajo una máscara tallada en madera con grandes ojos y prominente cabeza. A mi hermano menor, le obsequió con un bougarabou y unas sonajas de semilla
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