La obra reflexiona sobre la posible obsolescencia de parte de las redes viarias debido a la decadencia del petróleo convencional. Tras establecer el contexto histórico de las carreteras, su importancia y sus costes, se describe el gran impacto ambiental que provocan debido a la fragmentación de los hábitats naturales. A continuación se revisan las alternativas que se barajan en el sector del transporte para sustituir al petróleo y se aborda el problema del declive del mismo a lo largo de este siglo. En las conclusiones de la obra se ponen en cuestión las inversiones en unas redes viarias que podrían quedar infrautilizadas en las próximas décadas, y se advierte de un asunto aún más grave: la mayor parte de la población mundial vive en las ciudades, pero en estas no se produce nada de lo que necesitamos para vivir, por lo que dependen del transporte, que a su vez depende casi totalmente del petróleo. La decadencia de este significa que las ciudades podrían encontrar dificultades cada vez mayores para abastecerse de suministros básicos conforme avance el siglo.
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