Elizabeth estaba desesperada por encontrar piso, y acabó viviendo con cuatro compañeros, todos ellos hombres.
Uno era el salido sexual, el otro tenía un grave problema con las crisis nerviosas antes de los examenes; y, como no, el deportista no podía faltar.
Todo hubiese sido muy fácil de no ser por el capullo, déspota, arrogante y amargado de Garret Strauss, al que no le vendría mal un buen puñetazo.
ADVERTENCIA: no está terminada, se irá actualizando progresivamente.
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