La obra de Héctor Campos Ramírez es una expresión de espiritualidad en la que maneja a su arbitrio la palabra, para cumplir su misión de pensador como reflejo de su personalidad.
Desde las primeras páginas, el escritor revela su talento, su vocación de Educador y reformador nato, quiere, junto con sus lectores, reflexionar acerca de la CONSCIENCIA DE UNO MISMO, DEL PODER DEL AMOR, DE LA PROBABILIDAD DEL ÉXITO, DE LO QUE ES LA MUERTE Y SU MISIÓN TERRESTRE.
Espera que estas reflexiones le ayuden a seguir construyendo a cada uno de sus lectores, su propia vida, encontrando, como él dice, significados trascendentes de lo que ocurre en el planeta y en el Universo.
La educación es la actividad dirigida al perfeccionamiento humano.
Dondequiera que un hombre se esfuerza en mejorarse en cualquier sentido o alguien intenta deliberadamente mejorar a otro a otros o a la sociedad de manera colectiva, allí se realiza una obra de educación.
Sin embargo, es muy frecuente confundir los términos instrucción con educación, hay personas muy preparadas, pero que carecen por completo de cultura en su más amplia acepción.
La cultura o cultivo humano se refiere a nuestra personalidad y está presente en todos los actos de nuestra vida, en cambio la instrucción la empleamos en algunos momentos solamente.
El cultivo humano tiene por objeto desarrollar el conjunto de facultades innatas en el ser humano dotando a éste de un carácter y una personalidad superior.
El hombre que se ha cultivado expresa la manera de ser ideal, no solamente en la apariencia sino en los órdenes físico, mental, moral y espiritual; aplicándose a todas las fases de la existencia desde que el hombre nace hasta que muere.
El carácter de las personas y no su sabiduría es lo que determina sus éxitos y su utilidad en el medio en el que se desenvuelven.
El hombre que no siente en lo más hondo de su alma cumplir con esos deberes, siente una profunda frustración que las más de las veces lo lleva al fracaso.
Por el contrario, si a diario limpiamos nuestros corazones y aclaramos nuestras mentes, conoceremos una felicidad duradera y gentil que el tiempo no podrá arrancarnos hasta la eternidad.
El autor es profundo en sus reflexiones, busca su verdad a través de un camino que no ha de repetirse jamás y teniendo un estilo propio y genérico que le da a su obra la virtud de, la originalidad.
Maneja con fruición el encanto de la prosa alada que en conjunto la hace amena y candorosa, habla de la fe, y de la religión con una gran convicción y no como la realización de un rito formal.
Reflexiona acerca del bien y el mal y a cada paso invoca el concurso de la filosofía que es de hecho inspiración de una doctrina, ya sea bajo la forma de un sistema, o en calidad de ideas implícitas en la formulación de su obra.
Descripción y prólogo por Profr. Enrique Zamora Palafox.
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