Amor que cae
La brisa de la mañana se hace ya demasiado pesada, en las neblinas del cielo veo el reflejo de un rostro que ya se ha dibujado y aun así sigo delineándolo, tratando de rescatar los resquicios de un mar muerto. Las palmeras de la playa, el horizonte lleno de sombrillas y la gente en la orilla, más allá de los rayos del sol se escucha el jolgorio. En el apartamento estoy yo, fumando un cigarrillo en el balcón a caladas lentas y suaves, esperando que algo de aquel paisaje veraniego
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