No recuerdo muy bien qué edad tenía cuando empezaron a hacerme pruebas. Por lo que me han contado mis padres, en primaria ya me vio la psicóloga del colegio y empecé una terapia con la logopeda y esta, posteriormente, me derivó al psiquiatra. Sin embargo, yo no tuve memoria de todo esto hasta más adelante, ya con once o doce años. Y es que, en realidad, para mí no era un problema. De hecho, hoy en día, con dieciocho años, sigo pensando que no es algo fuera de lo habitual. El déficit de atención
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