Finalmente llegamos a Claro de la Luna, al internarnos en ese bosque mágico y frondoso envuelto en una noche perpetua, pude distinguir varios antárboles, los pequeños hombres-árbol, primos de los ancianos que protegen este rincón de paz, recorrer las sendas de Claro de la Luna.
La luna, en lo alto del cielo color ébano, iluminaba la floresta con un resplandor plateado, en una eterna y cálida noche de verano. Aiyanna Ala de la Noche, mi amiga, mentora y para que negarlo, mi segunda madre, cami
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