“¡Oh, tormenta! ¡Oh, tempestad oscura que amenazas nuestros corazones! A veces tus rayos, tu penumbra, tu maldad, atraen a los débiles humanos. A veces ellos se dejan embaucar porque es más fácil que tu desesperación los arrastre antes que afrontar lo que los preocupa. ¡Oh, bella oscuridad! Te diré algo, no eres tan hermosa como supones, no eres tan deseada y no podrás tenerme entre tus garras. Porque yo conozco el secreto de tu encanto. No eres nada tormenta y no te dejaré serlo. No seré tu pri
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