La muchacha observó el campamento lleno de soldados desde lo alto de la almena del castillo, aún dolorida por las heridas recibidas. Parecía que estaba maldita en más de un sentido, puesto que de las batallas en las que había participado ni una vez volvió indemne; no obstante se alegraba de ello, quizás no pudiera proteger a los demás con su fuerza pero si la respuesta a sus plegarias era recibir las heridas en vez de sus compañeros, bienvenidas eran; después de todo, el resto tenía más motivos
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