Aquel día Pedro “El Aturdido” se había levantado sin ganas de hacer nada, estaba decaído, como el día: gris, plomizo, sin embargo cuando salió a la calle los colores parecían más brillantes que nunca porque las hojas de los árboles tenían un barniz que la lluvia de hacia solo unos minutos les había pintado y las tejas estaban más rojas y las pizarras de un negro más intenso. Penso en los problemas de matemáticas que todavía tenía sin resolver y su ánimo volvió a decaer. ¡No tenía ganas de ir al
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