En la dura escarpa de mi vocabulario reducido, busco los versos que hacen de mí un poeta miserable. Celebro llevarte entre mis manos una raíz sucia, que en poco se parece a la flor que tú quisieras. Bendito yo que encontré quien leyera, aún en mi ceño fruncido, las palabras de amor que mis labios ignorantes no dirán jamás.
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Seducido por el escalofrío que recorre tu espalda, bastardo concebido en mi mente sabedora de placeres y no de advertencias, me juego la vida por verlo o
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