Fue el tiempo conocedor de nuestra historia, quien no perdonó el olvido simulado de un corazón destrozado. Desterrado de un cuerpo en primavera, surcó el mar embravecido de los sentimientos encontrados, izando velas el barco que zarpó a la deriva. Las lágrimas llenaron mis entrañas, y la balanza justa o no, declino en tu olvido. Mis ojos, hoy, se llenan de presente en el aleteo de tu mirada y nuestras manos conocedoras de secretos inconfesables, hablaron lentamente… los labios degustan con a
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