Toda la vida infringiendo tormento, y ahora estaba en una situación en la que no disponía de ningún tipo de control. Vulnerable. Transpiraba miedo. Como un animal herido en una trampa mortal. La que en cada aliento se va despidiendo de la vida. Un ser infeccioso, carcomido ante la miseria de un último grito, desgarrado y con expectativa servicial. Quién diría que en ese momento recordaría a aquellas personas que debí amar, a las que deseché para crear un imperio de marfil. Mis manos manchadas
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0