Hasta que leí a Murakami pensaba que el oficio de escribir no era muy compatible con la afición de correr. Así soy yo, cuadriculada, pero desde pequeña. Creía que las cosas solo podían tener una faceta, y que si querías ser, por ejemplo, astronauta, ya no podías aprender a cocinar. Total, en el espacio te lo daban todo deshidratado.
Pero leí a Murakami y su De qué hablo cuando hablo de correr, y se me cayeron dos mitos, pero en el buen sentido. Supe que se podía compaginar escribir y correr, y
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