María le pide a su madre que le enseñe a hacer lentejas como las hace ella y la abuela, que vive en el mismo edificio y ha venido a pedirle huevos para hacer la comida, se une a la explicación. Aunque la madre de María aprendió a hacer lentejas porque su madre (la abuela de María) le enseñó, sus recetas son muy distintas. La madre de María insiste en hacer unas lentejas más sanas, la abuela insiste en unas lentejas más sabrosas, para que María pueda cocinarlas algún día para su futuro marido e hijos y las disfruten. Se va cociendo la tensión hasta que finalmente las lentejas terminan quemadas, y la abuela se lleva la olla para lavarla a fondo y que no se quede el mal sabor a quemado. Cuando se quedan a solas, María le confiesa a su madre que es lesbiana, y empieza de nuevo a hacer las lentejas con su propia receta, muy distinta a las de su madre y su abuela, que ya conocía de mucho antes.
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