Ella. La única que pudo dármelo todo con solo respirar. La única que pudo hacerme feliz a pesar de todos los problemas que sucedían dentro de mi propio hogar. La única que consiguió que por fin me enfrentara a aquello que más temía.
Ella, y solamente ella, fue la fuente de mi fuerza, aquella fuerza que me permitió por fin ser feliz después de tantos años, vivir el presente y dejarlo todo atrás, mi pasado, mis cicatrices.
Sin embargo, con la misma facilidad que me lo dio todo, consiguió quitármelo con solo respirar. Me abandonó, dejándome solo de nuevo y quitándome todas las fuerzas que un día logró otorgarme.
Pero lo peor, la parte que más me dolió, fue que me abandonó para irse con lo que más odiaba. Me abandonó para irse con mi padre, Alexander Green.
Por eso, antes de comenzar sólo te voy a advertir una cosa: «No te fíes de las mujeres».
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