Es una constante en la vida habiotual de todos los académicos que se precien: los procesos de peer review. Todos participamos en ellos, normalmente desde ambos lados de la línea divisoria: envías tus papers a un journal (perdón por los anglicismos, pero así es la cosa), para ver como dos o tres anónimos reviewers los destrozan, les sacan todos los peros posibles, y te los devuelven con una notita que dice “rejected”, “revise and resubmit” o, en las menos de las ocasiones, “accepted”. Otras ve...
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