Una corona dorada flota justo en el centro de un aro luminoso que arde con un resplandor naranja intenso. Desde el suelo, un haz de energía sube y envuelve la corona como si la estuviera elevando hacia su destino natural: el poder. Alrededor, el piso agrietado refleja tonos rosados y púrpuras, como si la energía hubiera estallado hace segundos. Al fondo, una ciudad oscura observa en silencio. La imagen transmite ascenso, autoridad y un mensaje claro: aquí nace un nuevo rey… y nadie lo detiene.
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