Camino por la alfombra roja con el aire cálido y sofocante del verano pegándose a mi piel. Las luces de los reflectores parpadean y me enceguecen, rebotando en los vestidos brillantes que se despliegan hasta la entrada del teatro.
Avanzo en una pasarela rodeada de periodistas, curiosos y celebridades. La mirada de todos se clava en mí y no me siento preparada. No soy una estrella ni una influencer. Nunca quise ser el centro de atención y, sin embargo, aquí estoy.
Un hombre alto y de barba me susurra al oído.
—Relajate. Esto es mi regalo para vos.
Su voz grave y aterciopelada me envuelve como una caricia inesperada.
Entonces, detonado por un flash, un déjà vu, un recuerdo fugaz me atraviesa por un instante y me hace perder la estabilidad.
Hago mi mayor esfuerzo para caminar relajadamente hasta el sector de prensa, donde los periodistas nos rodean. Él se arregla la barba con la mano izquierda y me rodea la cintura para posar.
Siento que estoy sonriendo demasiado, y debo estar luciendo en mi cara un color rojo tan intenso que haría juego con mi vestido y zapatos.
—Les presento a la exitosa diseñadora y empresaria Catalina Milstein.
Empiezan a gritar cien preguntas al mismo tiempo; apenas comprendo algunas.
—¿Dónde se conocieron?
—¿Podemos esperar un anuncio importante esta noche?
Su palma cálida y segura se posa en mi espalda. Nada lo perturba. Me mira con ojos felices mientras les responde.
—Cuando Zanik me llamó para organizar este concierto, lo único que pensé fue que tenía que hacerlo para ella. Zanik es un arma secreta para enamorar, ¿no?
Habla con marcado acento porteño y me guiña un ojo. Lo miro atenta, intentando comprender. ¿Quién es este hombre? ¿De dónde lo conozco?
—Y justo coincide con nuestro primer mes de novios.
¿Qué?
Respiro hondo, ensayo una sonrisa tensa y falsa en mis labios mientras los flashes de las cámaras se clavan en mis párpados. Mis latidos se aceleran.
Esto no puede ser verdad. En mi corazón hay un hueco enorme. El que dejó un amor sumergido en la profundidad.
El sonido agudo de un micrófono que se acopla aumenta hasta ensordecer. El déjà vu se intensifica, apretando el pecho.
Todo esto ya lo viví.
Las voces se alejan hasta volverse un murmullo distante.
Entonces, un calor suave me recorre las manos, subiendo por mis brazos, hasta envolverme por completo. Como si alguien invisible me abrazara.
El tiempo se disuelve y el recuerdo se vuelve presente. Unos ojos oscuros y la sonrisa luminosa que parecen reconocerme desde siempre. Siento su energía, su amor vibrar en mí.
Su voz grave y profunda atraviesa el aire, dulce y certera, desde otra dimensión.
“Cuando el momento sea correcto, yo sé que estarás en mis brazos.”
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