Tu cubil no cesa de parir
¡Lozana y gestante dama,
el plasma de tu vientre,
tu cubil, no cesa de parir!...
Alumbras inviernos y otoños,
fecundas primaveras en rama,
desnudas el tronco, de ramas y fruto
¡los que aquí siento,
trovar y plañir!...
E iluminas a tus hijos,
anudados, a tu longevo cubil.
¡Oriundos...
de un castizo y fastuoso jardín!
Níveos, atezados y áureos,
crueles, justos y tiernos,
la carga de tu núcleo,
los engendra sin fin...
En el hechizo de tu fresco,
ardiente, y cálido cubil.
¡Y es... la ralea humana,
la que los hace,
sollozar y zurrir,
morir y resurgir!.
¡Frondosa y rozagante dama...
amada y agraviada,
abres las entrañas a tus hijos,
como la mujer, abre su grupa
y rasga su matriz.
Como la madre Natura,
tu prolífico baúl, no cesa de parir!...
Carmen Silza
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