El Santuario del Silencio es una novela corta que explora la huella de la memoria afectiva, que da vida al mundo de los afectos y se constituye como un complemento del núcleo esencial de la identidad humana.
Lorenzo Shanne, quizás, un veterano de guerra de 82 años que, enfrentando el Alzheimer, se aferra a los recuerdos de Flora, el gran amor de su vida. A través de la mirada de su hijo Juan —quien descubre un diario íntimo en el apartamento de su padre— se van revelando escenas donde las barreras del tiempo se rompen y el pasado se confunde con el presente. Surgen evocaciones de paseos, canciones y notas de amor; la confrontación entre Lorenzo y Aimar, una psiquiatra que tensiona el dilema entre la autonomía y el cuidado filial; escenas de delirios y reencuentros con Flora, expresiones ambiguas entre el sueño y la memoria; episodios de confusión donde el presente se quiebra al confundir rostros y nombres; y la contemplación silenciosa del mar desde el balcón, espacio donde su mundo interior se transforma en un refugio de permanencia afectiva, para cerrarse con un final, casi indescifrable.
Finalmente, la narración no aborda el Alzheimer como una enfermedad, sino que propone desde la ficción, una reflexión existencial frente a sus circunstancias. Mostrando los recuerdos afectivos como soporte en la última frontera de la dignidad humana. La obra sugiere que es difícil precisar si todo se diluye cuando el lenguaje y la memoria racional se extinguen, y ofrece pinceladas para la defensa de la memoria afectiva, presentada como resistencia ante el olvido y como núcleo en la identidad del ser.
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