Ser bruja, lo tiene inscrito el cuerpo. Cuerpo pleno de magia, de misterio y de sensualidad; cuerpo que encanta y atrapa, cuerpo que engaña y seduce. Y la mirada lo acompaña en sus goces inusuales, sus apetitos desquiciantes y en sus deseos colmados en la existencia del otro.
Es el cuerpo que corre en dos tiempos paralelos que ni se tocan ni se liberan. Un tiempo lineal, convencional, cronológico que altera las formas, las texturas, crea pliegues, oleajes y resacas en una piel que pronto se
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