Lloraba en la cocina. Prometió a su hijo una gran cena navideña, pero en el nuevo trabajo de papá, “horario flexible” significaba trabajar en fiestas, y “grandes incentivos”, irrisorias comisiones. -Mamá, ¿has visto a Faetón? – gritó el pequeño desde el salón. -No, hijo – contestó ella mientras cerraba el horno.
Con este relato superé las semifinales de las V Microjustas Literarias de OcioZero. Me planto en la final, cosa que todavía no me creo visto el nivelazo de los escritores que se prese
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