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Ghetto
03/03/2019
Las mañanas son frías en Copenhague. La mamá vistió en capas al bebé, que se dejaba hacer, adormilado. Cuando terminó, parecía una pequeña oruga roja con su abriguito y su gorro. Una lágrima cayó encima de la suave lana cuando lo subía al carrito. Era un ritual repetido, pero eso no lo hacía menos doloroso. No podía concebir que le hiciesen nada malo, pero estar sometida es una coacción de la libertad, ya fuera en Irán o en la “democrática” Europa, que ponía en entredicho a los padres. Desconfia
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