Ella baja del taxi en la esquina, ya es de noche. Camina hasta la entrada del edificio a mitad de cuadra. Nunca estuvo ahí pero lo ha soñado tantas veces que le resulta familiar.
Llama en el único timbre del piso 10, nadie contesta pero la chicharra indica que abra la puerta. Busca el ascensor y luego de un suspiro entra y pulsa el décimo piso.
La puerta está abierta, que distinto este piso al suyo, el de ella pertenece a su familia desde hace tres generaciones y se ven en él todas la marcas y
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