Los archivos audiovisuales se han convertido lamentablemente en almacenes de recuerdos en los que depositamos parte de nuestras vidas, allí quedan consignados en un registro inerte con una única utilidad, ser custodiados y en pocas ocasiones utilizados para cuestiones de investigación.
La pregunta que hay que hacerse ahora es: ¿podemos utilizar esos recuerdos para algún otro fin del que actualmente se le ha dado?. La respuesta es un SI rotundo.
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