MAPA DE BITÁCORA DEL CUERPO
A los sesenta descubrí mi cuerpo.
Una mañana se presentó ante mí,
lleno de selvas,
de horizontes azules,
de parejas desnudas amándose en la fronda.
Juguetean sus límites en los confines del Big-Bang
y la sangre,
los huesos, l
as miradas,
y ese apéndice que llamamos alma,
se juntan , se ajetrean,
se aman,
se odian,
se separan
y forman una bola de pelos y distancia
que rueda en los silencios de la noche.
A los sesenta,
en la cumbre de mi ombligo
que no llegó a
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