Al girar en la Quinta con la Ciento diez, te atusas con la mano la poca gomina que te queda. Luego escondes instintivamente el móvil en el bolsillo interior del sobretodo antes de adentrarte en Harlem. Dos calles más allá, cerca de Maipú, decides llamar un remís y buscas el celular en el bolsillo del pantalón. Contrariado, compruebas que perdió la cobertura. (...)
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