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10113 results found for tag:"prosa".
2401016522803
El bodegón de las perdices
01/01/2024
La del tercero
https://valentina-lujan.es/Dbre10/ELBODEGON.pdf Lo habíamos intentado todo, desde retirarlo hasta sustituirlo hasta, pasando por darle la vuelta y ponerlo de cara a la pared, llegar a plantearnos muy seriamente el taparlo; pero fueron, todas estas y otras muchas de las que se le fueron ocurriendo a los miembros más aguerridos de las sucesivas generaciones, soluciones cuya impracticabilidad había empezado a tomar cuerpo como posibilidad muy en embrión, a largo plazo, de forma un tanto casual un día de invierno en que se habían reunido felizmente... «o no tan felizmente si vamos a ser sinceros» ¬¬— y la tía Kalyca sonrió con un encogimiento de hombros como diciendo «pero qué se va a hacer» — aunque sí satisfechos todos de la buena gestión que cada cual, por cierto, dijo, se atribuía — y mamá barrió con una mirada circular el salón levantando un poquito las cejas, movió levemente la cabeza a ambos lados y, tras exhalar un breve suspiro, musito «eso pasa con frecuencia» y que qué iba nadie a contarle a ella —, llevada a cabo para conseguir, a base de un verdadero derroche de diplomacia y mano izquierda, que unos y otros se aviniesen a soslayar sus respectivas dificultades anulando o posponiendo compromisos y citas consignados en las respectivas agendas. Era un ritual, contó, que se celebraba desde muy antiguo y todos los asistentes se mostraban de acuerdo en que estaba bien «es agradable después de todo — repetía la tía Noemí sistemáticamente, sin omitir jamás su sonrisita bobalicona ni modificar una sola palabra de una vez para otra — esto de verse, aunque sea de tarde en tarde, y comentar, cambiar impresiones y, si sobra tiempo, charlar un poquito de esto y de lo otro»; era muy grato, sí, estar juntos, corroborándolo cada cual con sus propios tópicos acuñados desde tiempo inmemorial. Sobró tiempo, dijo, sin embargo; sobró tiempo y todo el mundo lo achacó a que al faltar don Gabriel — fallecido meses atrás en circunstancias que dijo doña Abigaíl no iban al caso encareciendo, eso sí, cuánto había que celebrar lo muy poquito que había sufrido porque no le dio tiempo a enterarse de nada y añadiendo, tras suspirar muy profundamente y llevarse a los ojos la servilletita de té «¿quién tuviera una muerte tan dulce?», y que Dios lo tuviese en su gloria tan hablador y tan dicharachero y tan simpático — las frases que no pudo decir diseminaron, por aquí y por allá, un sinfín de retazos de silencios que, agrupados, arrojaron un saldo de vacío tan molesto para todos que, «como había que rellenarlo — recordó la tía Kalyca — fuera como fuera», acabó por conducir a que, alguien, terminara sacando a colación a Dorotea.. — ¡Oh, de Dorotea no me hable! —que había rechazado de plano, dijo, un tal Sansón Restrepo que explicó —: tenía la abominable costumbre de evocar... si es que venía al caso, aunque aun no viniendo también la evocaba, tal era la incomprensible admiración que al parecer sentía por ella, a una tal Yumma que, se decía, relató una vez no sé qué historia... ¡nada interesante, estoy seguro!, cuyo mayor atractivo, ¡imagínense!, era que empezaba por los pies. –Pero, si eran unos pies bonitos... –No bromee. El asunto es del todo ridículo —Restrepo, con mucha sequedad —; más cuando lo que estoy pretendiendo poner de relieve es, precisamente, lo muy deseable que en todos los órdenes de la vida es la coherencia. –Ah, pues no sé — otro, a quien la tía recordaba «de manera un tanto difusa en lo que se refiere a su fisonomía, no vulgar pero sí corriente; sí os puedo asegurar sin embargo que se trataba de un hombre afable aunque menos ingenioso, no tan dado a la broma como el que hiciera el juego de palabras», sacando ella, sin darse cuenta, con las suyas, a la tía Drusila de una especie de sopor para considerar, como para sí con voz gangosa aún somnolienta, si no estaría «mejor dicho, digo yo, “no tan dado al juego de palabras como el que hiciera la broma”»; aunque la otra, oyérala o no la oyese, siguió con lo suyo y —: pero, por las noticias que yo tengo, era la tal Yumma una mujer sensata. – ¿Sensata? — «un tercero», así de escuetamente y sin precisarnos si hombre si mujer joven o viejo ni aportar la tía peculiaridad alguna, que dijo no disponer de más elemento de juicio que lo que indirectamente le había llegado de ella pero —: Parece que alimentaba en su cerebro... ¡enfermo!, me atrevería a asegurarles, no sé qué proyecto estrafalario de mostrar al mundo cierta suerte... malhadada, por cierto, y que me perdone Sansón — que al ir sin “don” nos hizo pensar, o a mí por lo menos me lo hizo, que, por afinidad en sus ideas, quizás, un poco de amistad tenían... aunque también pudo ser que ella, más atenta al fondo que a la forma, lo omitiese — por esta vez el juego de palabras, de teoría absolutamente grotesca consistente en... Papeles
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2401016521790
El menor de los niños
01/01/2024
La esposa de don Aniceto
https://valentina-lujan.es/E/elmenordelosn.pdf que organizó, por cierto, una buena escandalera antes de partir negándose a separarse aunque fuese nada más un ratito del abuelo, con el que tan encariñado estaba. Se consideró entonces la posibilidad de que fuera el mayor quien nos acompañase ― en la señora Ramírez madre, tan atenta siempre a sus obligaciones y hora que estaba siendo ya casi de preparar la merienda a su esposo, no había ni que pensar ―, pero hubo que desistir porque el chico había perdido tanto tiempo con la traducción de las explicaciones del abuelo, primero, y luego traduciéndole a él todo cuanto había ido diciendo la vecina, que iba enormemente retrasado con sus deberes y no quedó más alternativa que la de que fuese él (el pequeño) con los padres para que, así , los grupos quedaran igualados y por doble partida, encima; porque además de quedar equilibrados tres y tres había, en ambos, dos adultos y un niño de manera que, cuando luego se echaran las cuentas de cuánto había retrocedido un grupo y cuanto había dejado las cosas como estaban el otro, el resultado fuese que las fuerzas habían estado niveladas. Versaciones
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2401016521691
Milonga de la Verdaguer
01/01/2024
La fisioterapeuta
https://valentina-lujan.es/m/milongadelaver.pdf Y la Verdaguer, porque aquella tarde sí tuviera ganas de hacer los deberes o mucho amor propio o muchas ganas de tocar las narices a la señorita, se dedicó a plantear su propia hipótesis bastante historiada pero que no la pudo terminar — explicó a la señorita — porque al llegar aquí se presentó su madre que, hecha un basilisco porque ya la había llamado cinco veces para cenar, dijo “no sé nena si me toca o no, pero…” y la sacó de una oreja. Y que se la repasase por favor porque con una madre interrumpiendo todo el rato no estaba segura de no haberse confundido en algo. Pero sonó la campana y la señorita dijo “lástima”, y que no le daba tiempo. La Verdaguer musitó por lo bajo “cobarde”. Papeles
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2401016520748
Cualquier cosa
01/01/2024
La hermana del panadero
https://valentina-lujan.es/C/cualquicos.pdf ― ¿“¿Cualquier cosa”, ha dicho? La señorita Alejandra se tomaba a veces la licencia de no saber si le iba a merecer la pena manifestarse, abiertamente, y expresar su desacuerdo más rotundo o si, por el contrario, sería más prudente el echar mano de alguna otra discrepancia menos categórica y manifestarse ― sí ―, abiertamente ― también ―; mostrarse y dejarse ver y oír y a lo mejor hasta tocar… o, bueno, eso ya lo decidiría, sin remilgos ni ñoñeces ― de acuerdo ― pero sin dar un cuarto al pregonero. No le parecía a ella que pudiera ― ¡ante ningún tribunal de este mundo ni del otro! Había llegado a decir puesta en pie y en tono muy dramático, aunque ya hacía mucho tiempo ― defenderse que fuera semejante cualquier cosa, en puridad, de entre todas las parrafadas que el aspirante ha de encarar para labrarse un nombre, una ni de las más cortas ni de las más fáciles de recordar y repetir, así, de un tirón. ― Eso dependerá, Alejandra ― hubo quien trató entonces de meterle en la cabeza ― de desde dónde estés partiendo. ― ¿Y desde dónde va a ser? ― replicó, con un punto de sarcasmo. ― Quiero decir de dónde vengas. ― ¡Ahí iba yo! ― Alejandra, por favor, defínete… ― Vale: me quedo. ― Pues, hala: ¡desde “Pruebas ¡” … Y punto. La señorita Alejandra enderezó sus lapiceros y frotó la goma de borrar sobre una esquinita en blanco de la hoja del cuaderno que tenía delante; y ya parecía que iba a ponerse en pie cuando, al percatarse tal vez de que sus recuerdos no eran todavía del todo nítidos, repasó si la tapa del tintero estaba bien enroscada y, no contenta aún, borró el encerado. Entonces ya sí se puso en pie y, tras aclararse la voz, se lanzó al fin: ―Podría suponerse sí capaz, aun al menos competente de los candidatos ― esto lo recordaba con absoluta claridad ―, de extraer una noción general de qué ocurre, dónde ocurre y quiénes son los que están tomando parte en la acción. » No cabe sin embargo esperar, en modo alguno, que el postulante o neófito o novicio — el vocabulario de la señorita Alejandra no era pobre — arrostre con un mínimo de apostura el duro trance de, una vez localizado el lugar en que se están desarrollando los hechos y entrevistos mal que bien los rasgos tanto físicos como de carácter o de temperamento — o de personalidad incluso, concretaba, por más que haya personalidades tan complejas, decía, que resulte imposible vislumbrarlas no ya en una primera sino vigésimo segunda o septuagésimo quinta toma de contacto — de los que están tomando parte en ellos, tener que dar respuesta «sin más ayuda que sus exiguas habilidades; eso es verdad» —haciendo suya la entonación campanuda de quien ella suponía portavoz del tribunal — a la pregunta de dentro de qué ámbito del conocimiento o del estar o del saber o del sentir convendrá «pero no se quejará usted de que no le estamos dando mogollón de pistas y un amplio repertorio de encuadres para la solución que luego podrá enmarcar, usted mismo o misma, y mostrar a sus familiares y amigos lleno o llena de delectación» dar posada a la idea «"peregrina", reconózcalo... y terminemos de una vez con este embarazoso asunto ¡Por el amor de Dios!» — exhortaba al pipiolo, por boca de la señorita Alejandra el justiciero portavoz — que late, no ya tras las palabras o los gestos de quienes las dicen o los hacen, sino tras la intención de quien los colocó ante semejante papeleta». Dejándose a continuación caer, más que sentándose, en su silla. Completamente exhausta. ―Es que, Fidela ― doña Dídima, haciéndole beber un sorbito de agua ―, las cosas no pueden tomarse tan a pecho como tú te las tomas. ― ¿Y cómo hay que tomárselas? — Fidela, recomponiéndose con un punto de enojo los bucles que le adornaban la frente. ¿Cómo había que tomarse, por ventura, y apurar hasta las heces el amargo cáliz de tener que contemplar, sin agarrarse un berrengue de aquí te espero ni subirse por las paredes, que aquel abogadillo de tres al cuarto tergiversara los hechos hasta el punto de en lugar de reflejar en las actas “un populacho enardecido, Ovidio, puede largar por su boca cuanto le venga en gana” limitarse, con su cara de tonto, a un cualquier cosa que, todo el mundo lo sabe, viene a ser no decir como quien dice “nada”? Porque Fidela no era una meritoria de tantas, y si lo había sido alguna vez o no se acordaba ya nadie o, si alguien se acordaba, sería con muy poquito entusiasmo y nada más por aquello de que siempre, en todas partes, hay algo que «alguien tendrá que hacerlo, ¿no?». Y eso, precisamente, era lo malo; lo malo al menos en opinión de don Lorenzo que no quería bajo ningún concepto y propinando un sonoro puñetazo a la mesa del comedor que se recordase a Fidela por obligación y con desgana. ―No es desgana, Lorenzo — tratando de hacerlo ser sensato doña Osoria, su esposa —; es que nosotros no estamos ya para estas cosas. ― ¿Que no estamos? Y don Lorenzo, enardecido y echando... Transgresiones
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2401016520328
Pero y del azucarero qué
01/01/2024
La hora de la siesta
https://valentina-lujan.es/doc/No%20tengo%20seguridad%20ninguna.pdf No tengo seguridad ninguna (además) de que todo esto no esté siendo una gran insensatez y Srailkt no esté en lo cierto al afirmar que no hay cristiano que lo aguant… Y, “cristiano”, que… Lewhgif sugiere con su proverbial prudencia que tal vez mejor “creyente”. – ¿Creyente? ― Kgyaert, entre globo y globo. – Bueno ― con su manera de hablar, y de gesticular, parsimoniosa ―, “creyente” es más… Se para a discurrir la palabra adecuada y: – ¿Genérico? – Algo parecido a “genérico”, sí. Menos específic… Más válido o aplicable a divers… – Sí; creo que lo entiendo ― Gjifsw, que cuando algo no le interesa mucho dice en seguida que está claro ―: Aplicable cualquier tipo de credo. – ¿Y no será ― Horjuwy, apocado incorregible, como con temor siempre a hablar de más ―, a lo mejor eso mucho suponer? – No ― Kgyaert con su chicle, alzando los hombros. Y afirma ―: ¡Todo el mundo cree en algo! – ¿Todo el mundo cree en algo? – Sí; claro ― Uhlkthñ ― Pero… ¿lo otro? – ¿Qué otro? ― retirando el chicle, porque el globo era grande, adherido a sus barbas. – Aquella manera de perder los nervios. – Estaría con el periodo. Algunas se ponen muy… – ¿Periodo; son los tobillos de Spuwr lo bastante finos como para que tenga periodo? – Puede que no del todo — intervino Pklus —; pero sus manos son pequeñas, y su tez sonrosada. – ¿Es eso, se me ocurre, lo que se pudiera llamar “ir concretando”? ― Myhsbk, con esa tendencia suya al pragmatismo, a romper el encanto, a no demorarse en contemplar cuántas posibilidades nos ofrece el misterio mientras lo es… (Pero yo debo seguir con lo mío y no entrar en unas digresiones que no están al alcance de nuestros alcances todavía). Así que continúo: – Quizás no exactamente… Aunque… – ¿Qué? – Pues… El otro día por ejemplo, recuerdo ― Wkaiof, señalando hacia la hilera de estacas ―, Uhlkthñ dijo “fijaros qué larga la sombra de la empalizada”. – ¿Y? – “¿Y?”, ¿no hay ahí algo raro? – ¿Dónde? ― Rgoqiwz; con su incapacidad para... Etiqueta : Papeles
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2401016520274
En mitad del torbellino
01/01/2024
La Loli
http://valentina-lujan.es/L/enmitadtorbel.pdf Porque yo por la mañana soy enormemente vital, terriblemente activa, dinámica, y tan emprendedora que puedo a veces llegar a parecer atropellada; pero eso nada más me sucede, ya digo, por las mañanas, y si me pillara usted en cualquier otro momento la sensación que le daría sería tan, tan diferente que… Pero no quiero escribir aquí, en esta página que a saber de quién sea, más cuestiones personales mías que las concernientes a las vicisitudes sufridas mientras buscaba un modelo, una orientación para definir un poquito cual podría ser el diseño más adecuado para mi propia página web, en la que ― ahí sí, ahí sí que me explayaría ― daría rienda suelta a todas mis tristezas, frustraciones y amarguras. Etiqueta: Papeles
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2312316519595
Sin piedad y sin ira
12/31/2023
La madre de Cora
https://valentina-lujan.es/Y/ysindejarmashuella.pdf y sin dejar más huella que alguna hilacha suelta de un retazo de infancia que se recuerda a ratos saber que no se sabe qué pasó cuando entonces, cuando se estaba a tiempo de poder evitarlo, se quedó allí prendida, como a fuego grabada, una sensación turbia que ensombreció las ganas de seguir confiando en que llegaran tiempos en los que se forjaran ilusiones que fueran otra cosa que fatuas ensoñaciones necias que huidizas como el agua fluyen para perderse donde no las encuentre quien quisiera atraparlas. Transgresiones
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2312316519540
No logré colocarte en el jardín del Edén
12/31/2023
La mediana de las Barbadillo
http://valentina-lujan.es/alicia/nologrecolocar.pdf y mira que lo intenté, porque lo intenté pero lo más extenso que alcancé a elaborar fue el Parque del Retiro, con su monumento a Alfonso XII y sus arriates, y sus echadoras de cartas y sus títeres y sus dibujantes de caricaturas y sus… esos jóvenes, ya sabes, que permanecen inmóviles como estatuas para ganarse unas monedas; que está bien, porque el Retiro tiene su encanto, quién lo duda, pero a mí no me servía, tan concurrido, para que tú, Susanita, mordisquearas manzanas balanceándote, a la vista de todo el mundo y sin más atavío que tus tres hojas de parra, tan ricamente en todo el centro del estanque recostada en una barca o llevando, por entre la gente y tus tacones, al cocker Sánchez con su correa que, en el Edén, lo comprende cualquiera, habría dado un espectáculo del todo anacrónico y resultado, tú, no poco chocante abriendo el bolso y dejando caer unas monedas impensables en el platillo del joven estatua o, sentada, cruzada de piernas tan campante, tomándote un granizado de limón o una cerveza con patatas fritas en una terraza. Pero el Edén, como Dios manda o imagino yo que debió de ser, no me salía y renuncié; renuncié y me limité a procurar pensarte sola sin importar en qué lugar, pero sin nadie o, como mucho, en el jardín de las Gordillo de Carlota, ¿te acuerdas?, leyendo un libro, de poesía, de poesía estaría bien, con tu vestido de organza y mangas de farol y tu pamela bajo la mimosa que, en el original, fuera nadie a saber si estaría siendo de verdad plateada… Fin Esta versión no lleva firma, si bien cabe suponer que debió de escribirla algún chico de la clase de Susanita. O eso es al menos lo que dijeron los expertos, que apuntaron la posibilidad de que estuviera enamorado de ella.
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2312306516511
Ernestina en el mundo del agua
12/30/2023
La menos paliducha de las M...
https://valentina-lujan.es/E/ernestmundoagua.pdf Ernestina en el mundo del agua, de la serie "Los mundos de Ernestina", entre los que se encuentran Ernestina en el mundo de la luz, Ernestina en el mundo de las sombras, Ernestina en el mundo de los dragones los grifos y los monstruos, Ernestina en el mundo de las niñas, Ernestina entre dos mundos.
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2312306515620
Dejar las cosas como estaban
12/30/2023
La Neófita
https://valentina-lujan.es/S/que%20fue%20exactamente.pdf que fue, para ponerlas más difíciles por si no lo estaban ya bastante, exactamente lo que hice retrocediendo, regresando ― mientras el señor Ramírez tomaba la merienda que su esposa le sirvió en una bandejita ─ al Cofee Shop de mis desdichas y tan infausto recuerdo donde creí, me pareció, verla con sus botas con vueltas de piel dejando, no por olvido como entonces el paraguas ella sino inocentemente y en la seguridad de que a la vuelta me lo encontraría todo tal y como quedaba, la carpeta con los papeles abierta sobre la mesa y expuesto ─ el hecho ─ con toda la ingenuidad y absoluta falta de doblez con que se muestra. Yo había considerado la eventualidad de que aconteciese, porque por qué no, alguno de esos accidentes ─ o incidentes, mejor, habida cuenta de que ni esperé ni deseé en ningún momento que la situación tuviera ni mucho menos que llegar a ser calificada de “crítica” o “extrema” ─ domésticos que fuerzan a que la atención del observador se desvíe y, ahí, en ese pequeño revuelo de forcejeos o desviaciones entre si el café con leche lo derramó sin querer el abuelo o adrede ─ y porque yo no le fuera simpático o tuviese ganas de hacer enfadar a la abuela, por chinchar, simplemente ─ el menor de los nietos, aprovechar yo la coartada para alegar ante mi amigo que qué lástima pero y mira que lo lamento en el alma los papeles habían quedado del todo ilegibles... ... “Será sólo un momento” - recuerdo que dijo esbozando una sonrisa tímida, como si se excusara; y, a él: Anda, tómatela. Para decirlo todo y que no pueda caber ni aun al más avieso de los lectores la sospecha de que estuviese acariciando la posibilidad de tenderle cualquier tipo de trampa. Ya por la ruptura de la inercia que por sí mismos y pese a su tan frecuentemente extrema pequeñez acarrean, ya porque como suele suceder en tales casos se enzarzara la familia en una discusión dirimiendo quién de entre todos los presentes había sido el culpable. Porque cuando se entra en polémica y en achacarse culpa unos a otros se termina con una facilidad prodigiosa – que a mí me podía beneficiar, y por eso lo maquiné así – por perder el norte.
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2312296509982
Velos de silencio
12/29/2023
Raúl Colmenero
https://valentina-lujan.es/U/unasombratejado.pdf Una sombra en el tejado hizo mirarme al espejo y vimos entonces, él y yo, que no eran de agua sino de un material de aspecto duro y brillante, acero tal vez, que ululaba como si se tratase de una bandada de búhos y les confería, a ellos, la cualidad de espirales polvorientas ensortijándose en las ramas de los abedules para, acto seguido, derramarse por el pavimento resbaladizo sembrado de escollos transversales y multicolores, ribeteados de oropéndolas repetidas en un tono quebradizo, lastimero, que oscilaba entre las satíricas cuencas de un número indeterminado de ojos y el escaso deambular de frentes abatidas por opacas pesadumbres, al pie de una letra ilegible que, si pocos comprendían, muchos trataban de esquivar ocultándose a la sombra de no sabrían, nunca, precisar qué fatídicos designios que los perseguían causando, en su presuroso transitar, el latido mohoso de carcajadas evanescentes – teñidas del color de una sangre que a lo largo de cientos de suspiros erróneos se había vuelto insensible – que se dejarían oír lejos o demasiado cerca dependiendo, en todo caso salvo en ocasiones tan escasas que los pocos que alguna vez pudieran atrapar alguna la guardarían bajo siete llaves, de si mañana, o al cabo de la calle principal donde debían en un principio alzarse los edificios más emblemáticos de la ciudad, iban a ser cercenadas las esquirlas romas de un pasado angosto o, muy por el contrario – en un futuro que por qué no atreverse a predecir cuando qué se arriesgaba y atendiendo a exigencias de quienes por entonces esgrimieran el honor de saber evadirse de ser agasajados, nada fácil –, desechado por fin el ambicioso proyecto e impuesta la necesidad de resignarse ante la evidencia de que los tiempos que corrían cansinos y pálidos y desmadejados no daban pábulo a tanta ostentación ni tregua a tanto boato como se desprendía lenta muy lentamente de las comisuras ajadas de tantos paramentos – ornados hasta entonces de un cierto verdor demasiado extenuante – impregnando las ropas y los rostros de un color más oscuro que el del día anterior, elogiar el denuedo con que alguien encareciese la conveniencia de colocar un letrerito en el que se pudiese leer a cualquier hora del día o de la noche PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED. Una mujer advirtió a una niña del peligro que entrañaba el permanecer tan cerca de lo que, a juzgar por la vehemencia con que la conminaba a echarse hacia atrás, debía suponerse el borde de algún abismo; pero la chiquilla no le hizo caso y en apenas unos instantes pudimos ver cómo enarbolaba lo que a simple vista habría podido parecer un argumento sólido que iba, o iría, a invalidar sus temores si los acontecimientos no se desarrollaban según la costumbre instituida desde hacía nadie pudo jamás precisar cuántos años. 08/05/2006 21:44:55 –Las diez menos cuarto, en definitiva — redondeó sin pestañear la madre de las Fresnedo, alargando su mano para recoger el par de folios que, algo temblorosa aún, le tendía. Y le sonrió, doblándolos por las mismas marcas que tenían antes de sacarlos del sobre, en señal de aprobación. – ¿Sólo eso? — inquirió en tono resentido Teresita Ledesma, que como la otra apretase los labios haciéndoles con lentitud un doblez más de los que tuviesen de origen volvió a la carga con —: ¿Ni una palabra elogiando sus progresos? –Es que…— intervino Encarnación Corcuera, que carraspeó para armarse de valor antes de preguntar en tono altivo «¿qué progresos?». – ¿Ah; no? –Yo —terció la pequeña de las Aranguren—, y no es que quiera una tomar partido cuando además bien sabes que te aprecio, he leído esa misma carta muchas veces; y me consta que ha omitido el encabezamiento. –Pues, yo, y mira que he estado bien atenta, no he echado en falta nada en absoluto. – ¡“No he echado en falta nad…”! —remedó sarcástica Mercedes Agudo; y se puso de pie de un salto, y de otro se plantó delante de la tía viuda de las Suances para casi gritarle—: lo que a usted le pasa es que con tal de contemporizar es capaz de pasar por carros y carretas; pero a veces hay que mojarse, ¿entiende? –Vale —admitió la viuda—: puede que tengas razón, en parte, pero el encabezamiento es un… no sé, detalle tan puramente accesorio, que… – ¡Pues por accesorio, precisamente, hay... Etiqueta: Papeles
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2312266483281
Despedir sin demasiadas contemplaciones a mi secretaria
12/26/2023
La viuda de Alcudia
https://valentina-lujan.es/A/aunconexquicui.pdf aunque con exquisito cuidado, porque qué trabajo cuesta ser amable, de hacerlo con buenas palabras, y una sonrisa de oreja a oreja, y mis mejores deseos de que le vaya muy bien en su nueva andadura porque, pobrecilla después de todo y aunque me voy a quedar en la gloria cuando la vea salir por la puerta, es muy y, estoy segura, se le van a saltar hasta las lágrimas cuando – porque eso es algo que he hecho siempre con todas mis secretarias cuando he ido a despedirlas – le asegure que estaré encantada de, tan pronto me haga saber dónde se encuentra, enviarle una carta con magníficos informes… Luego lo que hará será mandarme una postal que si fuera de la torre Eiffel – como la anterior, una que tuve que era muy competente y hablaba cinco idiomas – me haría yo en seguida una composición de lugar “anda, mira, esto es París” para, a vuelta de correo, indicarle “pues mira, ahí tienes el museo del Louvre que tengo idea de que está muy bien” pero, y si no ya lo verás, será de algún lugar remoto que yo no haya visto en mi vida y… “¿qué referencias podría yo darle a esta chica de un sitio tan raro?”. Porque aquella, la anterior, era muy fina y no daba un paso si no era para marcharse a Berlín o Londres o Nueva York o Viena y otros sitios así ; pero, esta, hay que ver la manía tan tonta que tiene de pegarse unas caminatas horrorosas, en alpargatas y sin duchar que, como yo le digo , “¿y para esto hay que irse tan lejos?”. Etiqueta: Papeles
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2312266483236
Con su encabezado y su todo de siempre
12/26/2023
Las de Maluenda
https://valentina-lujan.es/R/consuencabez.pdf – Y bien — estaba yo sentado en la mesa de siempre cuando mi amigo entró en el Cofee & shop a grandes zancadas y, a saco, sin preámbulos, en materia apenas nos hubimos saludado preguntando —, ¿has desentrañado el enigma? – No — Repliqué también sin preámbulos. – No te creo — Contestó apartando la silla y sentándose. – Pues es la verdad. – ¿Toda la verdad? — Encendiendo un cigarrillo. – Bueno, casi toda… – O lo has desentrañado o no lo has desentrañado; no caben medias tintas — Soltando una bocanada de humo que ascendió, azulado, en volutas que se fueron agrandan… — ¡Y deja de garabatear gilipolleces! ¿Quieres? – Está bien — Y dejé el bolígrafo sobre la mesa — Pero, ¿sabes? — Recuerdo que suspiré —: no es tan sencillo. – Ya sabemos que sencillo no es. Y como no es sencillo no pasa nada por no haberlo desentrañado aun; no es ningún fracaso del que haya que avergonzarse, no tienes por tanto que esconderte tras ningunas estúpidas volutas azuladas que ascenderán, ¡claro que ascenderán!, y se irán agrandando como se agrandan todas las malditas volutas de toda la vida de Dios desde que el mundo es mundo… ¡Joder! – ¿Pero por qué te enfadas? – Porque me cabrea que te andes por las ramas, eludiendo la verdad como un cobarde. Porque un escritor no debe ser cobarde nunca, que lo sepas, sino afrontar su obra como se afronta la vida misma, ¿entiendes?, al hilo del instante y no dejando la existencia en punto muerto como si pudiera detenerse el tiempo, a voluntad, en espera de que uno se aclare. El escritor tiene que tirar para adelante, métetelo en la cabeza, y si te equivocas ya está hecho, y todo cuanto puedes hacer es aprovecharte, sacarle partido al error y utilizarlo, como punto de inflexión, como catarsis que te liberará de los miedos que te tienen paralizado… ¿O no te tienen paralizado? – Sí — Admito. – ¿Y qué te estoy diciendo que tienes que hacer en tal caso? – Equivocarme. – ¡Hombre, tampoco es que haya que tomárselo tan al pie de la… Pero, si tú quieres… – No sé si quiero. Ni siquiera sé si tú quieres que quiera. – ¿Te decides o qué? – De acuerdo — volví a suspirar —: Sí lo he desentrañado. – ¿Ves cómo cuando se te aprietan las clavijas arrancas? – Sí. Veo cómo… Y eso es lo que me preocupa porque me doy cuenta, o bueno, fue Lola en realidad quien se… – ¿Lola? – Mi asistenta, ¿no te acuerdas? – No. – Pero sí, hombre — le digo — la contraté, cuando … Lo de Manolita… – ¿Qué Manolita? – Hombre, que tienes que acordarte… Ah, ¡aquí está! : – Se dio cuenta, te decía — continué — de que tenía un fallo bastante… – ¿Manolita? – No — yo — Lola se dio cuenta de que tenía un fallo bastante… Muy de bulto, muy evidente. Y que por eso no podía…, pues, eso, decírtelo… – ¿Qué sabrá Lola? – No sé lo que sabrá. Pero, si no llega a ser por ella… – Si no llega a ser por ella… ¿Qué? – Pues que ahora te estaría contando algo increíble. – ¿Y no me lo vas a contar? ¿No me vas a contar algo increíble sólo porque Lola es, a tu parecer, muy observadora? – Muy observadora es Manolita. Que lo mira todo con esos ojitos… ¡Pero Lola no es tonta! – ¡Y qué culpa tendré yo de que Lola no sea tonta! – No, si culpa no; si ella misma me ha advertido de que la culpa no habría de ser tuya en ningún caso. Es más, en un rasgo de generosidad, se ha ofrecido a que ni siquiera el culpable sea yo y a asumir, ella sola, todo el peso de la culpa. – ¿Pero es que tiene por fuerza que haber un culpable? – Pues, tal y como están las cosas, parece que no va a quedarnos más remedio. – Bueno, tú explícate — se había ido calmando bastante, y su tono ahora me hacía sentir reconfortado — y ya veremos qué es lo que pasa. Y me coloqué, para él, unos minutos antes de las nueve de la mañana, sentado frente a la mesa de mi despacho, con los folios delante y el post-it encima — que no quise ni tocarlo para no alterar nada — en espera de que Lola llegase. – Tan pronto escuché el repiquetear de sus tacones por el pasillo — le conté, aunque también habría servido que le dijese “tan pronto escuché la llave en la cerradura y cómo a continuación cerraba la puerta”, pero me pareció que como él no conocía a Lola el taconeo (aunque omití añadir “vivo”, vivo repiquetear por no enfadarlo de nuevo y protestara que el repiquetear de unos tacones es vivo siempre o no es repiquetear y que hiciera el jodido favor de no detenerme en chorradas) le daría una imagen más cabal de cómo es su aspecto — le di los buenos días alzando la voz y le pedí que, por favor, viniese al despacho. – Ah. Ha madrugado — Dijo depositando el bolso sobre uno de los sillones. – Si, para verla. Necesito que hablemos. – Y le pedí — le dije a él — que rodeara la mesa y se colocase a mi lado para mirar los folios de frente. – ¿Los folios? — Dijo él. – Sí — dije yo —: unos folios marginales que ya ni sirven ni vienen al caso porque todo... Etiqueta: Papeles
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2312266483137
Su día
12/26/2023
Lotario
http://valentina-lujan.es/R/quellagustab.pdf que ella gustaba rememorar así: mi día. Aunque todo el mundo estaba al cabo de la calle del hecho – puntual, como puede comprenderse, puesto que no era un gesto cotidiano el ir regalando por ahí días, y ni aun minutos, a nadie porque, en primer lugar, siendo tantos difícilmente podíamos tocar a más de uno y, en segundo, porque se veía con muy malos ojos eso de adelantarse a los acontecimientos desprendiéndose por propia voluntad de algo que, al fin y al cabo y sin esfuerzo alguno, se terminaría de todos modos perdiendo – de que había sido doña Magdalena quién, cierta noche, requerida lejos con urgencia por al parecer enfermedad repentina de una señora que tenía que expirar al amanecer sin falta, se lo había entregado antes de partir, a escondidas y envuelto en su pañuelo de batista bordado, junto con sus pendientes y la explicación, que ésta vez sí que dio, de que allá donde voy, hija, tienen de todo y nuevo de manera que “ellos” la aprovisionarían de cuanto hubiese menester sin tener ella que ocuparse de nada. Bernardina entonces había querido llorar, enternecida porque, sí, se murmuraban muchas cosas de ella y algunas poco decían en favor de lo que Basilia en término no poco anticuado denominaba “su honra”, pero, a la hora de la verdad, Bernardina era tan exigente para consigo misma que llegaba a imponerse metas tan ambiciosas a alcanzar tan a tan corto plazo que “no tan aprisa”, la frenaban porque las lágrimas, lo mismo que las carcajadas, resultan ridículas si no se tiene un perfecto dominio sobre la técnica; y, eso, llevaba su tiempo… (de una anotación de Rosarito) Papeles
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2312256480207
Su día
12/25/2023
Voz anónima
https://valentina-lujan.es/Q/quellagustabaremem.pdf que ella gustaba rememorar así: mi día, aunque en sentido estricto, o en el lenguaje siempre culto de Ursina puridad, los días no se disfrutaban de forma como si dijéramos vitalicia y, ni siquiera, aun con plazos que podían ser tan sólo de horas o de minutos o incluso de instantes se tenían para todo el rato sino que, y a un forastero ya le pasó y porque dijo pues si después de lo lejos que vengo para veintisiete segundos tengo que repartirlos esto es no ya una guarrería de vida, que total tan corta qué más da, sino una estafa en toda regla, y que le devolvieran el dinero y que dónde y a quién había que reclamar y fue, a la ventanilla, que había cola, y cuando por fin le tocó la vez y expuso su queja el funcionario de turno le contestó pero, vamos a ver, caballero, si me queda claro si debo archivar su solicitud en el casillero de longitudes o en el de precios, que poner la crucecita en los dos sitios y, luego, si se les concede una vida larga pero barata también protestan. Y que si quería, le ofreció, puedo acoplarlo en uno de los cupos de años, que esos, dependiendo de cómo de cuántos, suelen estar menos saturados y, claro, son ustedes menos a repartir y a un precio además muy asequible. – Ya, pero cómo de cuántos — repuso el forastero — porque… que a ver si me entiende no sé si me entiende lo que quiero decirle, que, sólo por ahorrar pues que como que… No sé si usted conoce el dicho que dice que lo barato es caro… – Le comprendo perfectamente, pero mire, va a tener usted suerte porque tenía por aquí traspapelada una devolución que, por cierto, el, o bueno, la, porque era una señora, que cancela ha renunciado al reembolso porque llevaba prisa; le va a salir a usted regalado. – No, si eso ilusión puede hacerme, pero concréteme la longitud. – Ciento siete años; y a coste cero y sin tener que repartir como quien dice porque su único compañero, que solo hay ya le digo un participante, lleva ya ciento veintitrés. – No sé que decirle, la verdad, que contraer así tan de pronto y con unos planes con los que no contaba una responsabilidad de tan largo recorrido… Y que, pensándolo bien o regular por lo menos porque que el bien absoluto quién lo conocerá, casi mejor que no pero que muchas gracias. – Pero, hombre — el funcionario —, tómese al menos la parte alícuota que le correspondería de los veintisiete segundos a los que renuncia para considerar con calma, bueno, relativa, sí, pero que… vamos, que lo que le estoy poniendo al alcance de la mano sería el sueño dorado de muchos. – Lo comprendo, y se lo agradezco — el extranjero —, pero es que no estoy seguro de querer dormir tanto. Y, el funcionario, mirándolo alejarse, consternado musita para sí una vida regalada y no la quiere. Gente más rara. Transgresiones
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2312256480177
Quiénes (versión 9b)
12/25/2023
Nufrñe
http://valentina-lujan.es/D/No%20parece%20-%20versi%F3n%209b.pdf La respuesta no parece, en un principio, que pueda resultar problemática; no tiene uno, o una, o un hatajo ― o una multitud por aquello de no ningunear a género alguno de especímenes ― más que llegar y decir pues yo o nosotros o nosotras somos Fulanito de Tal, o Perenganita de Cual, o estos/as o los/as otros/as o los/as de más allá e hijos/as, todos/as y cada uno/a, de nuestros/as respectivos/as padres/as... No, mira, ahí nos hemos equivocado, pero en un alarde de humildad y de saber no ocultar nuestros errores lo vamos a dejar como está y seguir, como si tal cosa, aunque saltándonos - eso sí - las obviedades que todos damos por sentadas en lo que concierne a nuestros semejantes que, como si vamos al diccionario de sinónimos encontraremos que son "similares", o - eso también - "parecidos/as", a nosotros/as mismos/as, ¿no?, que es de quienes estamos hablando, si no hemos perdido el hilo y, por tanto, portadores/as tanto unos/as como otros/as ― aparte de "de valores eternos", que también se da por sentado y no sabemos si vamos a tener sillas para tantos/as ― de obviedades tan nada diferentes de las propias que para qué repetirlas, nosotros, por puro sentido común y del ahorro, nos atenemos a la más estricta de las lógicas y no las repetimos… ¿O sí lo hemos perdido? El hilo, que sería lo grave; porque el sentido común ― ¡una cosa tan corriente! ―, cuánto ni qué puede importar cuando, además, nos queda el propio, de infinitamente mayor enjundia y entidad. Y si lo hemos perdido, Dios no lo quiera, sí que la habremos liado porque nos pasará como, hace apenas unos días sin ir más lejos, nos sucedió a nosotros en nuestras propias carnes mortales cuando buscando… pues qué podía estar siendo, que así al pronto no caemos… Bueno, pues no sabemos, pero una partitura de El Pájaro de Fuego de Stravinski. ¿Qué estábamos diciendo? Ah, ya: que para coger la pinza de la ropa con que sujetar el estor averiado del cuarto de estar y poder así abrir la ventana… Pero tampoco vamos a extendernos en eso porque, nos figuramos, quien más quien menos ya cuenta con sus trucos propios para abrir sus ventanas. Además, la ventana la terminábamos de cerrar; así que, la pinza… Bueno, mira: es igual. El caso es en resumidas cuentas que fuera por la razón que fuese buscábamos algo y en nuestro desordenado arganear derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en despertar como ambrosía… Así: sin esperarlo. La dejamos hacer ― a la memoria ― y, con deleite, lo aplicamos ― el néctar ― con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que, lejos de los lugares más o menos comunes que hoy se nos figuran tan exóticos, lejos también de sospechar siquiera que pudiera existir un “mañana” distinto de aquellos que se desperezaban en amaneceres tan iguales, éramos algo que, por cierto, la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más acatarrada de las Olmedo ― que pero, bueno, eso es muy elástico… – ¿Elástico? ― Doña Begoña ― ¿Cómo cuánto exactamente de elástico? –Como muchíssssimo― acompañando su ese tan larga, la otra, con un movimiento amplio y lento de la mano. – ¡Vaya por Dios! ― cabeceando ésta como quien se contiene para no exclamar ¡lo que hay que oír! Y, girándose a su propia hermana ―: ¿Qué te parece? Y la hermana se limitó a ladear un poquito la cabeza y volverla a enderezar como queriendo dar a entender ea. –Ea ― doña Begoña ―, no; Elisa. – Pero ¿cómo ― la Olmedo ― que ea, no? –Pues como que no, sencillamente. –Mira, Begoña, yo tengo mucha, pero que muchísima correa, pero, si hay algo que verdaderamente me molest… Transgresiones
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Contratar una asistenta
12/25/2023
Asdrubal Cifuentes
https://valentina-lujan.es/papeles/Contratar una asistenta.pdf que ha sido, a pesar de todos mis temores y de tanta inquietud como el sólo hecho de tan sólo pensarlo me ha venido causando durante tanto tiempo, una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida ya que, no es sólo lo ordenado y limpio que lo tiene todo, ni lo bien que me tiene atendidos a Indalecio y a Manolita, sino lo meticulosamente ordenados que me tiene los cajones de la mesa que es cierto que durante las primeras semanas los tuve cerrados, con llave, por si se apropiaba de mi obra o me la plagiaba pero, una noche, recibí un mensaje en el móvil que, suspicaz como de siempre he sido, tan pronto vi que era de ella — porque fue algo que sucedió muy al principio, cuando todavía desconfiaba porque aún no la conocía — imaginé ya antes de pulsar “en leer” que iba a ser poniendo alguna excusa para no venir al día siguiente; pero, cuando por fin lo abrí, el mensaje era muy escueto, sólo ponía vea esto seguido de las tres w dobles y algo más que son siempre la dirección de una página web en la que, me explicaba, encontraría, dentro de una flecha roja, las palabras vea esto. Me explicaba también que haciendo clic en ese vea esto de dentro de la flecha roja llegaría a lo que ella me quería mostrar. No pude hacer nada de lo que me indicaba porque mi móvil, mucho menos moderno que el de ella, no tiene internet y, como además me daba vergüenza contestarle con otro mensaje porque tengo muy poca soltura con los puntos y las comas, opté por, a la mañana siguiente, dejarle antes de salir para el ministerio una notita escrita a mano en la que le decía que gracias pero que no me era posible entrar en la página. Y esa misma mañana, poco más tarde de las nueve y media, fue cuando Gutiérrez entró en el despacho informando de que una dama quería verme . No me dio tiempo a decirle “hágala pasar” porque una mano femenina enguantada lo empujó, aunque sin brusquedad, a un lado, y tras dedicarle un escueto “perdón” taconeó a paso vivo hacia mi mesa… – Ah, Lola — dije, poniéndome de pie —; es usted. – Lamento enormemente interrumpirle, pero en cuanto he leído su nota tan importante como debe de ser para usted lo que intenté informarle, me he vuelto a calzar y he tomado un taxi. – ¿Tan urgente es? Hurgó con celeridad en su bolso, sacó su móvil y, pulsando con una destreza portentosa los iconos de la pantallita, declaró: – Lo va a ver usted mismo en un instante. Acto seguido colocó el artilugio ante mis ojos y dijo “pulse ahí” pero, en vez de aguardar como yo esperaba a que pulsase, se disculpó por tener que marcharse pero que no quería que se le quemasen las lentejas que tenía en la lumbre pero que no me preocupase que “ya lo recogeré el próximo día, déjelo encima de la nevera porque agua no es que tengan poca pero… Con oreja de cerdo ¿Le gusta?”. Y tras dedicar a Gutiérrez un cortés “buenos días” salió caminando sobre sus altos tacones por la puerta que, aun con la prisa que llevaba, cerró con absoluta suavidad. Papeles
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Contratar una asistenta
12/25/2023
Onésimo
https://valentina-lujan.es/S/Contratar%20una%20asistenta.pdf que ha sido, a pesar de todos mis temores y de tanta inquietud como el sólo hecho de tan sólo pensarlo me ha venido causando durante tanto tiempo, una de las decisiones más acertadas que he tomado en mi vida ya que, no es sólo lo ordenado y limpio que lo tiene todo, ni lo bien que me tiene atendidos a Indalecio y a Manolita (que resultó ser hembra; pero a él lo tolera muy bien y hasta parece que lo escucha con agrado), sino lo meticulosamente ordenados que me tiene los cajones de la mesa que — he de confesarlo enormemente...
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2312236468362
Una buena idea
12/23/2023
Pablo Munguía
https://valentina-lujan.es/C/Una%20buena%20idea.pdf para abrir un diálogo que, sí, se abrió pero no prosperó o no por lo menos como prosperan los diálogos bien trabajados en los que, como su propio nombre indica, se dialoga, es decir, se intercambian opiniones, se critica a los compañeros de trabajo o — si uno o más de los dialogantes están en el paro o se dedican a alguna profesión de esas que se ejercen en soledad como la de por ejemplo escritor se criticará al editor; pero como el editor no es compañero de trabajo dirá Lola mejor no enemistarse, que siempre habrá un lameculos que le vaya con el chisme — a la familia dirá mi amigo o a los amigos dirá mi madre o, que puede ser otra posibilidad aunque no la mencionen ni Lola ni mi amigo ni mi madre, se hablará del tiempo o de política o de lo cara que está la vida o, como último recurso, de arte o de filosofía; y yo no tengo ni idea buena ni mala de a quién poner a hablar con quién ni de qué desconociendo, como desconozco, cuáles puedan ser los puntos fuertes ni los temas preferidos de ninguno de los Ramírez ni de mi amigo ni de Lola… – ¿Y de mí? — mi madre —, ¿tampoco de mí sabes cuáles son mis puntos fuertes o mis temas favoritos, siendo, como soy, tu madre? Pero es que, aunque a ella no se lo digo, mi madre no figura ni entre mis temas favoritos ni entre mis puntos fuertes. Así que… Continuará
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Me desagradó
12/23/2023
Purificación
https://valentina-lujan.es/m/medesagrencor.pdf “Me desagradó por dos razones el encontrarme – seguí leyendo -, así, tan al principio, apenas sobrepasados los cuatro primeros renglones, un nos hemos equivocado que, en primer lugar, se me antojó pretencioso, mayestático… ¡nos! y, en segundo lugar, porque ¡joder – perdón, me dije, quise decir caray – si te has equivocado rectificas y en paz! Pero, entendiendo, y no deseando ser en exceso quisquillosa, que una equivocación la tiene cualquiera, no me desanimé y seguí en la idea de bueno, no importa, omitiré el error y mi página seguirá siendo como ésta” que, por mi parte y en honor a la verdad, sí dejé yo de compartir… Sí. Albergaba serias dudas de que una página como esta – “estas”, en realidad – fuese lo que yo estaba queriendo; pero había algo que me hacía experimentar un algo así como empatía hacia alguien que, muy distinto de mí posiblemente en cantidad de aspectos, se había movido por donde ahora me estaba moviendo yo; y buscando lo mismo. Seguí, por tanto, una vez más, leyendo: “Así que, una vez que ya tenía el modelo y que por aquello de que cuando se ha hecho una su composición de lugar aunque sea muy somera de por dónde van a ir las cosas parece que se relaja un poco, me desentendí por un tiempo de la página y anduve unos días o puede que semanas pero seguro que no meses y ni pensar en años lo diga quien lo diga dedicada a otras cosas. »Cuando regresé al tema – continuaba – y por aquello de refrescar la memoria volví a entrar en lo que di en llamar en mi cabeza cariñosamente “mi página” y me encaré con: La respuesta no me alarmé sino que, muy al contrario, me pareció tan decorativo eso de que estuviese así, en un color diferente que a mi juicio le daba un toque pues, eso, de color, que decidí cambiar también de color yo misma. Luego – he suprimido las comillas de inicio porque, como “dicho y hecho” empezó a escribir directamente en rojo, entiendo que atendiendo a idéntico criterio resultan innecesarias – me quedé un rato ahí, sentada, simplemente mirando y con mi mente en otra parte diciéndome muy bien, ya tienes una página y un modelo en que basarte; ahora nos queda ver con qué la rellenas. Eso ya era, la verdad – reconoce – más complicado. Porque yo no soy una empresa que venda nada ni tenga ningún producto que publicitar ni ninguna sede social a la que invitar a potenciales clientes a acudir; que es para lo que suelen utilizarse las páginas web. Y yo – que tampoco soy empresa, ni tengo sede social ni nada que vender – encontré de nuevo, en esta coincidencia, un punto de algo así como hermanamiento, o complicidad, que me incitó a seguir: Y ahí estaba toda cavilosa, triste casi diciéndome "¿para qué quieres, tonta, una página web cuando no sabes qué vas a hacer con ella?" cuando, jugueteando a lo tonto con el ratón por hacer algo, la página dio un salto y lo que apareció fue Papeles
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