El amanecer refulgía en la lejanía y la luz, cada vez más intensa y anaranjada daba la sensación de que toda la llanura ardía, aunque las llamas ya no estuvieran. El fuego había cesado hacia años y ahora solo quedaba un campo calcinado en el que predominaba el negro del carbón y el gris de la ceniza, aunque no siempre había sido así. Cuando la guerra todavía era un murmullo en la boca de unos pocos, y el resto las gentes vivían su vida con la tranquilidad digna de su tiempo, la llanura estaba repleta de flores silvestres, árboles enormes, ríos cristalinos y campos de trigo dorado hasta donde alcanzaba la vista. Ahora tan solo quedaba una casa. Una sola casa en mitad de la enorme soledad que invadía ese sitio.
Podría esperarse que el interior de la casa, al igual que el exterior, estuviera desierta, sin embargo, sí había alguien en su interior. Tan solo una persona que en aquel momento, sentada frente a una mesa, inspeccionaba la cubierta de un libro sin título y sin marcas a la tibia luz de una lámpara.
Se preguntaba a quien había pertenecido mientras lo hacía girar entre sus dedos. También se preguntaba cómo había llegado hasta allí, hasta sus manos, pues era lo único que había encontrado a pesar de que no era lo que buscaba. A su lado escuchó el crepitar de la madera en el interior de la chimenea (había olvidado que el fuego estaba encendido) y se sobresaltó interrumpiendo sus pensamientos. Dejó el libro sobre la mesa y salió a contemplar las nevadas montañas de Plumbiar que indicaban que pronto llegaría La Helada. Paseó durante un rato esperando encontrar a alguien, esperando encontrar a la propietaria de aquella casa, pero sus ojos no lograron hallar otros que pudieran devolverle la mirada.
Con parsimonia y un poco más tranquilo volvió a entrar en la casa y se sentó frente a la mesa esperando a que el fuego calentara el cuerpo que se había enfriado rápidamente en el tiempo que había permanecido fuera. Se frotó las manos y soltó un profundo suspiro mirando a ambos lados para asegurarse de que estaba solo, abrió el libro y leyó la primera página que estaba en blanco a excepción de un pequeño párrafo escrito con pulcra caligrafía.
<< Todo lo recogido en este tomo está basado casi exclusivamente en hechos narrados de primera mano por diversos personajes de nuestro tiempo. Mientras que ha sido especialmente difícil encontrar los fragmentos perdidos de aquellos que murieron, sus allegados han hecho una excelente labor de reconstrucción. En destino y en memoria serán recordados>>
Los dedos pasaron la página y los ojos no tardaron en comenzar la lectura.
<< Aquel que esté leyendo estas páginas tiene entre sus manos la única copia escrita que documenta lo que nos es conocido y lo que no sobre Cionne Río de Plata. Muchos se preguntan qué fue de ella. Otros se preguntan el por qué, cómo y cuándo de su nacimiento, el dónde es de sobra conocido. Pero la mayoría de los que se hacen estas dos preguntas tan solo esperan encontrar en ellas una luz titilante que les guie a través de lo sucedido durante la gran guerra de las Islas Negras. Y he aquí, en este libro, un puente de tinta trazado con pluma y un camino que os llevará hacia esa luz.
Tras la segunda caída de las islas negras, los Völgar se retiraron y la gran mayoría creyó que esos seres jamás regresarían. Pero nunca estuvieron tan equivocados, pues en las profundidades esperaron pacientemente. Esperaron el momento apropiado, el lugar apropiado, para llegado el momento abrir una herida que no pudiéramos cerrar.
El lector llegado a este punto podría pensar: ¿Y qué tiene eso que ver con Cionne Río de Plata? Y no habría respuesta más solida que: absolutamente todo.
Taen IV escribió una vez: En el cielo nocturno más allá de nuestro mundo se encuentran las cosas que conforman a Eder. Nosotros tan solo somos una pequeña parte de él en toda su inmensa figura.
Y es así como comienza la historia. Durante una templada noche de la estación Lunar en la que tres desconocidos depositaran bajo el amparo del cielo nocturno la más preciada carga que jamás conformara la figura de Eder>>
INTRODUCCIÓN, CRÓNICAS DE EDER. J.C DANTÉS
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