La primera vez que me dejaron a cargo de mi sobrinita Nía me esforcé por hacerlo lo mejor posible, quería que mi hermana y mi cuñado asumiesen que yo era maduro, responsable, fiable, sobradamente preparado, capaz y casi adulto. Lo cierto es que las cosas no salieron como yo esperaba, pero memorable e imborrable sí que fue, como la cicatriz que tengo desde entonces.
Creative Commons Attribution 4.0