Salió corriendo a la calle, con el pelo mojado, recogido enuna trenza, y el uniforme escolar puesto a medias. Cuando el ómnibus se detuvoen la parada, a ella le faltaba media cuadra para llegar, pero el conductor laconocía, y se entretuvo un poco, para darle tiempo a alcanzarlo. Cuando logróubicarse en un asiento, soltó el aire de sus pulmones y terminó de arreglarsela ropa. Miró, distraídamente, por la ventanilla. Sus ojos de ama de casa ya nodescubrían belleza en aquellos paisajes habituales,
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