Ayer le pregunté a la noche
por qué estaba tan oscura,
por qué lloraban las nubes,
por qué se ocultaba la luna,
por qué había de conformarme
con el brillo de las estrellas
si de día con sólo una
basta para apagar mi pena.
Y me respondió que no había más belleza
que contemplar el firmamento
en el reflejo del mar y su grandeza
y, mientras oyes su silencio,
dedicarle a nuestro amor un poema
y dejar que pase el tiempo.
(...)
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