La alarma chirría en los oídos, no sé si la jodida cosa se acerca. Cincuenta centímetros de acero viejo y policarbonato manchado me separan del vacío. La única luz, brillo azul eléctrico a través de una ranura de cristal escarchado. Vigilo-inmóvil-conteniendo aire con sabor a humo. El soldador convertido a lanzallamas apagado entre las manos, me tiemblan.
Veinte metros de oscuridad y bultos engañosos, detrás está la exclusa. La alarma grazna, no queda tiempo. Camino agazapado, de reojo todo se
Creative Commons Attribution Non-Commercial 3.0