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38494 results found for cuento.
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El Gnomo Yanho
11/22/2008
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El Gnomo Yanho Érase que se era, en un lejano bosque, un gnomo llamado Yanho. ¿Habéis oído hablar de los gnomos? Son seres muy pequeños, de aspecto bonachón, muy bondadosos y súper divertidos. Cuando no están trabajando, siempre están riendo o cantando. Seguramente no habréis visto a ninguno, pero es porque están escondidos; son muy tímidos y raras veces se dejan ver. A los gnomos rara vez se pelean; les gusta pasárselo bien y gastar bromas. Yanho era el más querido del poblado. Su buen corazón era reconocido por todos. Un día, Yanho, paseando por el bosque, escuchó hablar de un viejo árbol que vivía a las afueras del poblado. Solían decir que era un príncipe encantado por un mago muy malo. Los gnomos tienen algo de magos dentro de ellos, y ni corto ni perezoso, Yanho fue a visitarlo. Después de muchos días de viaje, dio con el árbol, que tenía más de quinientos años y se llamaba Dormilón porque se encontraba dormido. Al principio, Yanho no sabía cómo hablar con un árbol, pues hacía muchos años que no hablaba con uno dormido. No sabía si le gustaría despertarse y le dijo: —Voy a preparar un sortilegio para que despiertes, y para que funcione, tendrás que pagar un precio. Tendrás que ir haciendo el bien y poco a poco recobrarás tu aspecto. Cuando crea que has cumplido, te dejaré libre. El príncipe volvió a su estado humano, pero era muy feo. Aceptó el trato y se marchó muy contento, aunque su aspecto no era nada agradable a la vista. Al llegar a su reino, el príncipe Roberto vio a su buen amigo Pedro sentado en la puerta de su casa, cerca de un lago. Una primera bondad acudió a su mente: sin que lo viera, Roberto se sumergió en el lago y esperó a Pedro, a quien le gustaba mucho pescar, pero nunca tenía suerte y jamás pescaba nada. ¡No había manera! Roberto buceó y puso un gran pez en el anzuelo. Roberto sonrió al ver la cara de asombro de Pedro al percatarse de que había pescado un pez para su cena. Por dos veces se repitió la escena: Pedro preparaba el anzuelo, lo echaba al agua y, cuando notaba que un pez había picado, el hilo se rompía misteriosamente. —¡Qué buena suerte tengo hoy! —pensó Pedro. Entonces, en un descuido de Roberto al salir a la superficie del lago, Pedro lo descubrió. Roberto salió corriendo en dirección a su casa y se miró al espejo. Su nariz era ahora más pequeña, al igual que sus orejas. Durante muchos días, Roberto siguió haciendo el bien a sus amigos y compañeros del reino. Al final, su rostro era perfecto y se podía decir que era el príncipe más guapo del reino. Sin embargo, algo más había cambiado: Roberto había ganado a todos sus amigos. Ya no se sentía solo y tenía con quién ir a pescar. En su cumpleaños, hizo una gran fiesta e invitó a todos los gnomos de la comarca. Roberto fue a ver a Yanho para agradecerle tanto bien y, con lágrimas en los ojos, le explicó lo que le había pasado. Con gran sorpresa, se encontró con el mago malvado que le había embrujado, quien le tiró cariñosamente de la oreja y le guiñó un ojo. —Sabía que te pasaría esto, por eso preparé mi sortilegio. Sé que eres bueno y la bondad es lo que ha hecho que el hechizo desaparezca a tiempo. Todo volverá a la normalidad, pero espero que hayas aprendido la lección. Así lo hizo Roberto. Siguió haciendo el bien, pero no porque alguien se lo hubiera dicho. Y su rostro volvió a ser el de antes: muy hermoso, pero, a cambio, consiguió ser un poco más hermoso de aspecto y de corazón. ...y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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Dama con alma de caballero
07/04/2026
Dani R Dani R , Dani R ,
No estabas dentro de mis planes Tu ecuación nunca la planteé Tu pendiente era menor que cero No eras problema que yo tuviera que resolver No me interesaba si estabas presente O si te habías ido al hospital por un problema urgente Si como Alicia te caías por un agujero persiguiendo a otro conejo No me importaba en qué andabas Tampoco me importaba lo que buscabas No estabas entre mis tareas De lo que está pasando ahora yo no tenía ni idea (nunca pensé que sucedería) No entrabas en mi hoja de cálculo Tu cuenta no entraba en mi ábaco El aire de tu abanico no me refrescaba El aire de tu viento no me despeinaba (vaya tonta) A mí no me interesabas En mi vida ni eras ni luz ni oscuridad ni nada Ni eras mi hoy ni eras mi mañana Eras un cero la izquierda Corcho olvidado de una botella de vino cualquiera Eras solo uno más del montón No te debía explicación Si te sentías bien o no Me daba igual No eras parte de mi razón (Aparentemente) No tenías cabida en mi corazón Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatusarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes De viento alisio Pasaste a ser torbellino Aire ligero Que se convirtió en huracán (Me robaste toda mi calma) Como el lobo del cuento Soplaste un par de veces Destruiste mi casa y planes Por los cielos volaron Mi techo y mis paredes de paja Lluvia de primavera En medio de la madrugada Caías cada noche, rodando por mi gotera Y yo sin hacerte caso Desde la mañana hasta el ocaso Ni siquiera me despertaba con el ruido El suelo amanecía mojado Casi me pego varios resbalones Ahora tenemos un par de soluciones A mí no me interesabas En mi vida ni eras ni luz ni oscuridad ni nada Ni eras mi hoy ni eras mi mañana Eras un cero la izquierda Corcho olvidado de una botella de vino cualquiera Eras solo uno más del montón No te debía explicación Si te sentías bien o no Me daba igual No eras parte de mi razón (Aparentemente) No tenías cabida en mi corazón Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatuzarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes Pensaba que mis paredes Eran de acero y concreto Pero resultaron ser de madera Derribaste todas mis barreras Como el lobo de los tres cerditos Me dejaste desnuda con un par de soplidos Ahora me dejo comer Pero no no soy tu alimento Me dejas con el corazón partido Aunque no me ves con esos ojos Lo que siento es para siempre No fue culpa tuya que sucumbiera a tus encantos Mejor que no te rías con esos dientes tan relucientes Tú te acercaste a mí sin malicia No sabía que le ofrecía Paz y tranquilidad a tu vida Caí presa de tu amor Vago como Ulises 31 por el universo Ando un poco cansada, perdida y confundida En mi juego de ajedrez eres el rey de toda mi vida El que te quiera matar Va a tener que lidiar conmigo primero Con una aplanadora Va a tener que pasarme por arriba Mientras yo esté con vida A ti no te toca nadie Quién se atreva Tiene contados sus días A mí no me interesabas En mi vida ni eras ni luz ni oscuridad ni nada Ni eras mi hoy ni eras mi mañana Eras un cero la izquierda Corcho olvidado de una botella de vino cualquiera Eras solo uno más del montón No te debía explicación Si te sentías bien o no Me daba igual No eras parte de mi razón (Aparentemente) No tenías cabida en mi corazón Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatuzarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatuzarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes [Outro fade out]
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A mí no me interesabas
07/04/2026
Dani R Dani R , Dani R ,
No estabas dentro de mis planes Tu ecuación nunca la planteé Tu pendiente era menor que cero No eras problema que yo tuviera que resolver No me interesaba si estabas presente O si te habías ido al hospital por un problema urgente Si como Alicia te caías por un agujero persiguiendo a otro conejo No me importaba en qué andabas Tampoco me importaba lo que buscabas No estabas entre mis tareas De lo que está pasando ahora yo no tenía ni idea (nunca pensé que sucedería) No entrabas en mi hoja de cálculo Tu cuenta no entraba en mi ábaco El aire de tu abanico no me refrescaba El aire de tu viento no me despeinaba (vaya tonta) A mí no me interesabas En mi vida ni eras ni luz ni oscuridad ni nada Ni eras mi hoy ni eras mi mañana Eras un cero la izquierda Corcho olvidado de una botella de vino cualquiera Eras solo uno más del montón No te debía explicación Si te sentías bien o no Me daba igual No eras parte de mi razón (Aparentemente) No tenías cabida en mi corazón Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatusarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes De viento alisio Pasaste a ser torbellino Aire ligero Que se convirtió en huracán (Me robaste toda mi calma) Como el lobo del cuento Soplaste un par de veces Destruiste mi casa y planes Por los cielos volaron Mi techo y mis paredes de paja Lluvia de primavera En medio de la madrugada Caías cada noche, rodando por mi gotera Y yo sin hacerte caso Desde la mañana hasta el ocaso Ni siquiera me despertaba con el ruido El suelo amanecía mojado Casi me pego varios resbalones Ahora tenemos un par de soluciones A mí no me interesabas En mi vida ni eras ni luz ni oscuridad ni nada Ni eras mi hoy ni eras mi mañana Eras un cero la izquierda Corcho olvidado de una botella de vino cualquiera Eras solo uno más del montón No te debía explicación Si te sentías bien o no Me daba igual No eras parte de mi razón (Aparentemente) No tenías cabida en mi corazón Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatuzarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes Pensaba que mis paredes Eran de acero y concreto Pero resultaron ser de madera Derribaste todas mis barreras Como el lobo de los tres cerditos Me dejaste desnuda con un par de soplidos Ahora me dejo comer Pero no no soy tu alimento Me dejas con el corazón partido Aunque no me ves con esos ojos Lo que siento es para siempre No fue culpa tuya que sucumbiera a tus encantos Mejor que no te rías con esos dientes tan relucientes Tú te acercaste a mí sin malicia No sabía que le ofrecía Paz y tranquilidad a tu vida Caí presa de tu amor Vago como Ulises 31 por el universo Ando un poco cansada, perdida y confundida En mi juego de ajedrez eres el rey de toda mi vida El que te quiera matar Va a tener que lidiar conmigo primero Con una aplanadora Va a tener que pasarme por arriba Mientras yo esté con vida A ti no te toca nadie Quién se atreva Tiene contados sus días A mí no me interesabas En mi vida ni eras ni luz ni oscuridad ni nada Ni eras mi hoy ni eras mi mañana Eras un cero la izquierda Corcho olvidado de una botella de vino cualquiera Eras solo uno más del montón No te debía explicación Si te sentías bien o no Me daba igual No eras parte de mi razón (Aparentemente) No tenías cabida en mi corazón Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatuzarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes Poco a poco y de repente Fuiste nublando mi mente Así de pronto te acercaste Con esa voz tan dulce, sin querer lograste engatuzarme Ahora no hago más que desesperarme Todo lo que tengo lo quiero para ti Y bien claro que lo sabes [Outro fade out]
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NO ME HAGO CASO
06/11/2026
Tamara Martínez Sánchez Tamara Martínez Sánchez , Tamara Martínez Sánchez ,
1️⃣ DATOS BÁSICOS DE LA OBRA TÍTULO DE LA OBRA: No me hago caso TIPO DE OBRA: Obra musical con letra AUTOR/A (NOMBRE COMPLETO): Tamara Martínez Sánchez NOMBRE ARTÍSTICO / SEUDÓNIMO: TammyQuenn AÑO DE CREACIÓN: 2026 PAÍS: España 2️⃣ DESCRIPCIÓN DE LA OBRA DESCRIPCIÓN CORTA: Tema pop urbano irónico sobre volver una y otra vez a un “red flag” con humor y, al final, elegir por fin hacerse caso y ponerse a sí misma primero. 3️⃣ CLASIFICACIÓN Y GÉNERO GÉNERO MUSICAL (ORIENTATIVO): Pop urbano / pop en español con toque humorístico. SUBGÉNERO: Himno de autoamor irónico sobre relaciones tóxicas y red flags. ESTILO: Divertido, directo, confesional, con mucho lenguaje actual (memes, red flag, novela, contrato) y un giro empoderador al final. ETIQUETAS / KEYWORDS (separadas por comas): no me hago caso, red flag, autoamor, relaciones tóxicas, pop urbano, humor, voz femenina LETRA COMPLETA – “NO ME HAGO CASO” [Verso 1] Me escribes “baja que te espero abajo del portal”. Y yo pensando otra vez la misma peli, mismo final. Amiga dice “no te acerques que ese es un lío mortal”, pero mi yo saboteadora ya se ha puesto el temporal. Tienes pinta de problema con sonrisa de cristal, con discurso de “yo he cambiado” y agenda sentimental. Y aunque sé que no me conviene ni pa’ abrazo casual, ahí voy yo, toda divina, repitiendo el titular. [Pre‑Coro] Yo ya me la sé de memoria, pero me gusta el freestyle, siempre acabo en tu historia cuando prometí borrar. [Estribillo] Y es que no, no, no, no me hago caso, me prometo calma y acabo en tu regazo. Si ya lo vi venir desde el primer paso, pero el corazón va borracho y yo detrás de su fracaso. Y es que no, no, no, no me hago caso, yo soy la que firma el contrato y luego hace el payaso. Pero hoy cambio el guion, lo digo y no me atraso, si alguien me quiere bien, que empiece por mi abrazo. [Verso 2] Me mandan memes de destino, yo respondo con un “ja”, que el destino aquí soy yo si vuelvo a darle a aceptar. Tu playlist huele a promesas que no supiste cumplir, yo ya tengo la mía propia y no te incluí a ti. Me conoces las heridas, yo me sé tu repertorio, “no soy como los demás”, pero eres copia del episodio. Y aunque en modo fiesta caigo en tu notificación, ya estoy guardando mi número en modo avión interior. Porque esta novela barata ya la vi en otro canal, y si vuelvo es por la trama, no porque seas especial. [Estribillo] Y es que no, no, no, no me hago caso, me prometo calma y acabo en tu regazo. Si ya lo vi venir desde el primer paso, pero el corazón va borracho y yo detrás de su fracaso. Y es que no, no, no, no me hago caso, yo soy la que firma el contrato y luego hace el payaso. Pero hoy cambio el guion, lo digo y no me atraso, si alguien me quiere bien, que empiece por mi abrazo. [Puente] Esta noche voy contigo, pero solo voy conmigo, si te cruzas en mi ruta será efecto del camino. No te debo mi insomnio, no te debo explicación, si me pierdo entre tus brazos, que me encuentre la razón. Red flag, red flag, pero qué guapo estás, lo dice mi terapia y también mi mamá. Red flag, red flag, pero qué bien me va, cuando en vez de contestarte me contesto yo “ya está”. [Estribillo final / Coda] Y ahora sí, sí, sí, sí me hago caso, me prometo que a mí me la cumplo paso a paso. Si ya lo vi venir desde el primer trazo, cambio de protagonista y me elijo sin retraso. Y ahora sí, sí, sí, sí me hago caso, sé que aún firmo acuerdos donde siempre salgo en fracaso. Que para querer bonito no me alcanza con tu abrazo, que la primera en quererme voy a ser yo por si acaso. Así que gracias por la anécdota, pero el cuento acaba aquí. Quédate tú con tu conquista, que yo me quedo conmigo al fin. Obra producida mediante herramientas de producción digital y posible asistencia de IA para instrumentación y mezcla, bajo dirección creativa original de la autora. La letra, melodía vocal y concepto pertenecen a Tamara Martínez Sánchez
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Glosario de Neologismos y Términos Originales: Tesis Antonio Moya
04/20/2026
Antionio Moya Sacristan
Femiestalinismo: La institucionalización del género y la nueva Nomenclatura del Estado ​Por: Antonio Moya Domingo, 19 de abril de 2026 ​Introducción: Por qué el concepto "feminazi" ha caducado ​Escribo estas líneas desde la honestidad de quien ha militado y votado a la izquierda toda su vida. Como creyente en la lucha obrera de verdad, en los derechos del trabajador y en esa igualdad real que siempre defendió la izquierda clásica, no puedo callarme ante la vergüenza y el negocio ideológico en el que han convertido la política actual. ​Muchos siguen usando el término "feminazi" para describir lo que ocurre. Sin embargo, ese concepto se ha quedado corto; fue preciso en su momento para definir una fase de choque callejero, agresividad verbal y señalamiento por el mero hecho de nacer varón. Fue una fase de agitación y propaganda de odio. Pero hoy ya no estamos en la calle. Estamos en las instituciones. Analizando cómo funciona hoy el poder, presento mi tesis y el concepto definitivo para definir la realidad actual: el FEMIESTALINISMO. ​I. La Evolución: De la Igualdad a la Ruptura ​La izquierda que yo he votado siempre buscaba una igualdad noble y justa: que hombres y mujeres valiéramos lo mismo ante la ley. Era pura justicia social y convivencia ciudadana basada en la razón. De ahí pasamos a la fase de la Ruptura, donde una facción sustituyó la igualdad por un odio biológico. ​Pero el escenario ha cambiado. Lo que la élite política actual ha instaurado no es agitación callejera, es un calco de la maquinaria de Stalin. Ya no es ruido; es el control total del Estado. Lo que hoy vivimos es la femiestalinización de la sociedad: la dictadura del aparato sobre el individuo. ​II. Los Tres Pilares del Femiestalinismo ​La Nomenclatura de Género: Igual que en la Unión Soviética surgió una clase privilegiada de burócratas que vivían a costa del pueblo, el sistema ha creado su propia Nomenclatura. Una élite administrativa y técnica que gestiona presupuestos millonarios y observatorios inútiles. Esta élite femiestalinista necesita que el conflicto no se acabe nunca para seguir justificando sus privilegios y sus sueldos. Son la nueva aristocracia política que vive del cuento mientras el obrero sufre. ​Control del Pensamiento y Purgas Modernas: Se ha establecido una vigilancia absoluta sobre el lenguaje y el pensamiento. El que discrepa sufre una "muerte civil" o es purgado mediante el señalamiento público. Es la versión moderna de las purgas estalinistas. Como decía Stalin: "Dadme al hombre y yo encontraré el delito". Hoy, bajo este sistema, el hombre es culpable por sistema y se han cargado la presunción de inocencia, rompiendo la igualdad ante la ley que la verdadera izquierda siempre defendió. ​El Aparato de Propaganda (Géneropravda): Igual que Stalin controlaba el Pravda, hoy el sistema utiliza terminales mediáticas que actúan como instrumentos del Partido. El femiestalinismo destaca por la instrumentalización de figuras de influencia: utilizan personajes vacíos de criterio como auténticas marionetas para infantilizar a la población y colar consignas ideológicas como si fueran verdades absolutas, anulando cualquier pensamiento crítico a través de figuras que funcionan como simples engranajes de la propaganda estatal. ​III. La Paradoja Criminal: El Absurdo de la Contradicción Suicida ​Lo más sangriento de esta tesis es cómo el sistema ha absorbido causas que son agua y aceite. Han obligado al colectivo LGTBI y a las mujeres a abrazar una inmigración masiva y descontrolada de colectivos cuyas costumbres desprecian profundamente sus derechos. Es una paradoja criminal: el femiestalinismo obliga a la víctima a aplaudir a su potencial agresor por orden del Partido, sacrificando la seguridad de nuestros barrios obreros en el altar de su agenda ideológica de salón. ​Glosario del Nuevo Marco Político ​Para que esta tesis sea aplicada correctamente, defino los términos y variables de mi autoría: ​Femiestalinismo (Sustantivo): Doctrina de control totalitario basada en la institucionalización del género y la gestión de presupuestos ideológicos masivos a través del aparato del Estado. Femiestalin (Sustantivo): Forma abreviada y coloquial de femiestalinismo. Se utiliza para designar de manera directa la convergencia entre la ideología de género y las tácticas de control social o político propias del estalinismo. ​Femiestalinista (Adjetivo/Sustantivo): Individuo o cuadro político que ejecuta, defiende o se beneficia de la estructura del femiestalinismo. ​Femiestalinizar (Verbo): Acción de purgar la disidencia en una institución para imponer una ortodoxia ideológica única. ​Femiestalinización (Proceso): Avance del control estatal sobre el lenguaje, la libertad individual y la presunción de inocencia. ​Géneropravda: Maquinaria mediática y de influencia encargada de difundir la propaganda oficial para infantilizar a la población.
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RENACIMIENTO DEL LEÓN
02/16/2026
Ivan Sanchis Garcia Ivan Sanchis Garcia , Ivan Sanchis Garcia ,
[INTRO: Silencio absoluto. Luego, un latido. Uno solo. Otro. Más rápido. Una respiración profunda, como un animal enorme que despierta. Entran cuerdas suaves, una melodía triste pero esperanzadora. La voz del León, grave, pausada, poderosa] [VERSO 1 (Voz limpia, grave, solemne - estilo spoken word al principio)] "Creían que estaba muerto. Creían que mi rugido se había apagado. Creían que podían repartirse mi piel antes de que mi corazón diera el último latido. Pero no saben... ...no saben que los leones ...también resucitan." [(Entra la banda suavemente, guitarra limpia, bajo profundo. La voz se vuelve más melódica pero aún contenida)] [VERSO 2 (Voz limpia, emocional, narrativa)] He dormido mucho tiempo, he soñado con la guerra, he visto en sueños a mis hijos esparcidos por la tierra. Me lamió las heridas el recuerdo de lo que fui, y en cada cicatriz guardaba la memoria de un país. [VERSO 3 (La voz se fortalece, la banda crece)] Me clavaron banderas falsas, me cantaron funerales, repartieron mi melena entre perros y chacales. Pero en lo más hondo, en lo oscuro, donde el alma no se vende, algo mío, algo nuestro, algo eterno, siempre prende. [PRE-ESTRIBILLO (Entra ritmo marcial, coros suaves de fondo)] ¿Oís ese ruido? No es el viento, no es el mar. Es el latido de la bestia que va a despertar. ¿Sentís ese temblor? No es la tierra, no es el fin. ¡Es el León que se incorpora, es el principio! [ESTRIBILLO 1 (Entra la banda completa, power metal épico)] ¡RENACIMIENTO DEL LEÓN! ¡LA MELENA ES LLAMA! ¡CADA CICATRIZ ES UNA BATALLA QUE ME LLAMA! ¡NO VENGO A VENGARME, VENGO A CONSTRUIR! ¡SOBRE LAS RUINAS, VOY A RUGIR! ¡RUGIRÉ! [(La música cambia, se vuelve más pesada, más oscura. Entran guturales de Kinspire Wolf Bat)] [VERSO 4 (Gutural profundo - la furia del León)] Han saqueado mis montañas, han envenenado el río, han querido hacer de mi estirpe un circo vacío. Pero el hierro de mis garras sigue intacto bajo el polvo, y el que creyó que me domaba, ahora tiembla como un novio. [VERSO 5 (Gritos metalcore, más rápidos)] ¡Mi rugido no es nostalgia! ¡Mi rugido es advertencia! El que confunde mi paz con mi muerte, sufre mi presencia. No soy el pasado, no soy un museo, no soy un cuento, ¡SOY EL FUTURO QUE VUELVE, SOY EL JURAMENTO! [PRE-ESTRIBILLO 2 (Ritmo frenético, coros gregorianos de fondo)] ¡Ya no duermo! ¡Ya no espero! ¡Ya no callo! ¡Ya no cedo! ¡Cada golpe que me dieron me enseñó a tener más miedo? ¡NO! ¡ME ENSEÑÓ A SER MÁS FUERTE, MÁS ASTUTO, MÁS LETAL! ¡EL LEÓN VIEJO ES EL QUE MATA, NO EL QUE MUESTRA EL COLMILLO AL SOL! [ESTRIBILLO 2 (Fusión TOTAL - guturales y limpios alternan, gregorianos y orquesta al fondo)] ¡RENACIMIENTO DEL LEÓN! ¡LA MELENA ES ACERO! ¡CADA GOTA DE MI SANGRE PARIRÁ UN GUERRERO! ¡NO PIDO PERDÓN POR EXISTIR, PIDO PASO! ¡EL QUE QUIERA VERME MUERTO, QUE ME MATE EN MI ABRAZO! ¡LEÓN! ¡LEÓN! [SOLO DE GUITARRA (Épico, larguísimo, con múltiples secciones. Neoclásico, shred, melódico. Detrás, ORQUESTA COMPLETA de Fidei Gladius y el ÓRGANO haciendo contrapunto. Es el momento más virtuoso del disco)] [PUENTE (La música baja, queda solo el órgano y los gregorianos. La voz del León, ahora serena, como después de la tormenta)] "No quería la guerra. Pero si la guerra viene... ...que venga. No quiero más muertos. Pero si hay que morir... ...que sea de pie. Mis hijos, mis hijos, mis hijos... ...mirad al horizonte. ¿Veis esa luz? Esa luz... ...ESA LUZ SOMOS NOSOTROS." [(Silencio. Un segundo. DOS. TRES. Y EXPLOTA TODO)] [ESTRIBILLO FINAL (x4 - el más grande, el más épico, el más TODO. Kinspire y Fidei fusionados en uno. Guturales, limpios, gregorianos, orquesta, órgano, TODO)] ¡RENACIMIENTO DEL LEÓN! ¡LA MELENA ES FUTURO! ¡CADA HIJO DE LA PATRIA ES UN LATIDO PURO! ¡NO HAY TUMBA QUE ME GUARDE, NO HAY OLVIDO QUE ME BORE! ¡EL LEÓN NO MUERE, EL LEÓN SE TRANSFORMA Y VUELVE Y DEVORA! [¡LEÓN! ¡LEÓN! ¡LEÓN!] [BREAKDOWN FINAL: La música se ralentiza, pesadísima. Silencio. Un rugido. OTRO. Y EL ÚLTIMO GRITO] ¡SOY EL QUE FUI! ¡SOY EL QUE SOY! ¡SOY EL QUE SIEMPRE VOLVERÁ! ¡POR LA SANGRE! ¡POR LA TIERRA! ¡POR LA GLORIA! ¡POR LA GUERRA! ¡POR LOS QUE VIVEN! ¡POR LOS QUE MUEREN! ¡POR LOS QUE SIEMBRAN! ¡POR LOS QUE HIEREN! ¡POR LA PATRIA! ¡POR LA CRUZ! ¡POR EL LEÓN! ¡POR LA LUZ! [(Último estribillo, a capela, solo voces, luego la banda entera un último golpe)] ¡RENACIMIENTO DEL LEÓN! ¡RENACIMIENTO DEL LEÓN! ¡RENACIMIENTO DEL... [GOLPE FINAL DE BATERÍA. Silencio absoluto.] [OUTRO: El viento. Luego, muy lejano, un rugido. No de animal: de multitud. Miles de voces. Luego, el mismo latido del principio. Pero ahora calmado, en paz. Una última campana. Silencio.]
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Sombras en la morgue capitulo 4 final autora Marta Digat
08/02/2025
marta vazquez digat
Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada) Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno. Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre. Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor. Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo. Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar. Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado. Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos. —Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar. —¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa. Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia. —No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo… Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta? Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo? Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo. Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave: —¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba. —Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento. Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía. Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo. La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro. Mi corazón se detuvo. En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora. No decía su nombre. Solo una fecha: agosto de 1973. Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..." Me estremecí. Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida? *Hoy, mientras ordenaba algunas cosas antes de irme al hospital, decidí revisar de nuevo el libro de mi abuelo. Y entre sus páginas… algo sobresalía. Un papel suelto, manuscrito. Tinta sepia. Caligrafía elegante. Al abrirlo, el perfume del pasado se hizo presente. Era un poema. Y su dedicatoria era clara: para Aurora. Lo leí con el corazón palpitando. Amor eterno Poema del abuelo, dedicado a Aurora Si la luna, la aurora y los ocasos, si la infinita noche constelada, ha de alumbrar desnudo tu regazo cuando incauta descanses en la almohada... Si un rayo de luna enamorada, al mirarte, hace asomar mis ojos, es el caudal de amor que me rebasa, y al querer contenerlo... brota. Y si he de mirar el sol saliente deslizarse por las trenzas de la aurora, escuchando el reloj que marca sigiloso la hora... Si la alborada me sorprende desvelado, contemplando tu rostro, enajenado, es tu silueta que me tiene hipnotizado con el embrujo de tu piel iluminada. Si ha de morir el día y la noche, si han de morir las rosas disecadas... Si el pasto verde perecerá en invierno, y las hojas caerán en el otoño, si los retoños de tu pelo encanecerán plateando tu negra cabellera, si nuestra juventud será solo una quimera y nuestro amor, una utopía...
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Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada) Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno. Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre. Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor. Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo. Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar. Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado. Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos. —Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar. —¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa. Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia. —No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo… Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta? Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo? Me quedé pensando en sus palabras, en ese nombre que nunca quiso decir. Esa noche, antes de irme al hospital, volví a mirar una foto antigua del abuelo. En su mano, sostenía una rosa... Y junto a él, una mujer muy parecida a Aurora, pero más joven. ¿Podría ser ella? ✨ Continuación – Capítulo 4: Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo. Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave: —¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba. —Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento. Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía. Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo. La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro. Mi corazón se detuvo. En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora. No decía su nombre. Solo una fecha: agosto de 1973 Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..." Me estremecí. Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida? Ya en la morgue, el silencio era tan profundo que podía escuchar mi propia respiración. Encendí la lámpara de pared, me coloqué los guantes de látex, y revisé los registros. Había un nuevo ingreso. Un caso no identificado. Mujer joven. Fallecida durante un desmayo en la vía pública. Sin señales externas de violencia. Al destapar el cuerpo, un escalofrío me recorrió la columna. En el pecho, del lado izquierdo, tenía una marca… Un símbolo grabado en la piel: una espiral doble, idéntico al que había soñado la semana pasada. El mismo símbolo… Que también aparece en la página treinta y tres del libro de mi abuelo, junto a la frase: "Aquellos que mueren sin despedirse, renacen con señales en la piel." Me quedé inmóvil, paralizada entre el asombro y el miedo. ¿Qué estaba pasando? ¿El libro de mi abuelo no era ficción?
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Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada) Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno. Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre. Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor. Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo. Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar. Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado. Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos. —Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar. —¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa. Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia. —No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo… Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta? Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo? Me quedé pensando en sus palabras, en ese nombre que nunca quiso decir. Esa noche, antes de irme al hospital, volví a mirar una foto antigua del abuelo. En su mano, sostenía una rosa... Y junto a él, una mujer muy parecida a Aurora, pero más joven. ¿Podría ser ella? ✨ Continuación – Capítulo 4: Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo. Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave: —¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba. —Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento. Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía. Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo. La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro. Mi corazón se detuvo. En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora. No decía su nombre. Solo una fecha: agosto de 1973 Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..." Me estremecí. Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida? Ya en la morgue, el silencio era tan profundo que podía escuchar mi propia respiración. Encendí la lámpara de pared, me coloqué los guantes de látex, y revisé los registros. Había un nuevo ingreso. Un caso no identificado. Mujer joven. Fallecida durante un desmayo en la vía pública. Sin señales externas de violencia. Al destapar el cuerpo, un escalofrío me recorrió la columna. En el pecho, del lado izquierdo, tenía una marca… Un símbolo grabado en la piel: una espiral doble, idéntico al que había soñado la semana pasada. El mismo símbolo… Que también aparece en la página treinta y tres del libro de mi abuelo, junto a la frase: "Aquellos que mueren sin despedirse, renacen con señales en la piel." Me quedé inmóvil, paralizada entre el asombro y el miedo. ¿Qué estaba pasando? ¿El libro de mi abuelo no era ficción?
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Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada) Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno. Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre. Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor. Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo. Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar. Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado. Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos. —Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar. —¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa. Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia. —No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo… Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta? Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo? *** Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo. Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave: —¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba. —Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento. Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía. Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo. La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro. Mi corazón se detuvo. En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora. No decía su nombre. Solo una fecha: Agosto de 1973. Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..." Me estremecí. Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida? *** Ya en la morgue, el silencio era tan profundo que podía escuchar mi propia respiración. Encendí la lámpara de pared, me coloqué los guantes de látex, y revisé los registros. Había un nuevo ingreso. Un caso no identificado. Mujer joven. Fallecida durante un desmayo en la vía pública. Sin señales externas de violencia. Al destapar el cuerpo, un escalofrío me recorrió la columna. En el pecho, del lado izquierdo, tenía una marca… Un símbolo grabado en la piel: una espiral doble, idéntico al que había soñado la semana pasada. El mismo símbolo… Que también aparece en la página treinta y tres del libro de mi abuelo, junto a la frase: "Aquellos que mueren sin despedirse, renacen con señales en la piel." Me quedé inmóvil, paralizada entre el asombro y el miedo. ¿Qué estaba pasando? ¿El libro de mi abuelo no era ficción? ¿Quién era esta mujer… y por qué su cuerpo lleva una marca que solo existe en mis sueños? *** Esa madrugada, por primera vez… Sentí que no estaba sola con los muertos. Había algo más. Una presencia. Un mensaje. Y yo… estaba destinada a descubrirlo.
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Elaboración de masa de hojaldre para volovanes
10/13/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/B/elaboraciondem.pdf que le dije que le agradecía, pero que me parecía un trabajo superfluo porque yo me arreglo con cualquier cosita y con un huevo frito con patatas me quedo tan contento, y que masa de hojaldre para volovanes, pues para qué… – ¿Para qué, Lola, masa de hojaldre para volovanes? – Pues para hacer volovanes para rellenarlos de crema de gambas para rellenar volovanes; que también tengo que hacerla. Y echó una ojeada a su reloj y, en tono apremiante, a mí que dejara de importunarla con tontadas y fuese poniendo la mesa. – No necesito mesa — respondí —; sabe perfectamente que siempre que como en casa lo hago en la bandeja del Derby de Epsom. Y hoy, que apenas tengo hambre porque si no he ido al ministerio es porque tengo gripe… – Para cuatro — indicó. – ¿Qué cuatro? – Pues usted, su madre, su tía y el capitán. – ¿El capitán? – Sí — ella —, y no me quiera confundir. Hoy no ha ido al ministerio porque es sábado. Y su salud perfecta. Y la comida es especial, un poquito de ceremonia como si dijéramos, así que haga el favor de irse arreglando. – ¿Para celebrar que es sábado y mi salud perfecta? – Para recibir a sus invitados. No sea ganso. – ¿Me pongo el chaqué? — Pregunté con un punto de ironía. – No hace falta exagerar. Pero uno de los trajes buenos, y una corbata bonita, y los gemelos de su tía Luisa que, por cierto, se va a sentir un poquito dolida por no haber sido invitada para ocasión tan señalada. – ¿Y cuál es entonces la que viene? – Pues la del capitán ¿O es que no termino de decírselo? – Y dale con el capitán, Lola ¿De qué capitán habla? – Pues del barco ¿De qué capitán va a ser? – No sé de ningún barco, Lola, ni de ningún capitán… ¿Ha consultado su agenda? ¿Está segura de que hoy no es martes y que no tendría que estar en cualquiera de sus otras casas? – No es martes — replicó terca, abriendo el horno —, y donde tengo que estar es exactamente en esta cocina porque usted me pidió por favor, eso sí fue el martes, que viniera a preparar la comida por lo de… ya sabe, y me figuro que no tendré que ser yo quien lo ponga a usted al corriente de sus acontecimientos familiares, pero, si usted se empeña… – Me empeño. – Bien, pues se lo cuento. Aunque es usted un poquito exasperante — ahora debía de estar haciendo la crema, de gambas, y apretaba botones en la batidora — ¿O me va a decir que yo me he inventado lo de la (…)? – ¿La qué? – ¿Decía? — ella, parando la batidora. – Que se ha inventado, con el ruido de ese chisme no he podido entenderla, no sé qué… – Es justo lo que le estoy diciendo — apretó otra vez el botón y alzó la voz — ¡que no me lo he inventado! Y la volvió a parar. – No, si eso ya — yo — Pero que lo de la qué. Quiero decir. – Vamos a ver — ahora sacaba con una espátula la crema de la batidora y, con mucha pulcritud, la iba poniendo en un recipiente de cristal —; su tía, ¿no estaba de viaje? – Por las islas griegas, sí. – ¿Y en qué medio de trasporte viajaba? – Pues, si era un crucero, en un barco… ¿ Voy bien? – Estupendamente — colocó el recipiente con la salsa en la nevera, y la cerró. Y haciendo girar su muñeca estiró el índice y, señalando donde el dedo al buen tuntún quiso apuntar, agregó —: Pues de ese barco, de ese barco precisamente es capitán de navío el capitán de navío que viene a pedir la mano de su tía… lo ha entendido? – ¿La mano de mi tía? – Eso es — Y se chupó el dedo de salsa. Y se lavó las suyas al grifo. COLOCAR CASILLA Y DISTINTIVO; Y TERMINAR, SI A MI AMIGO LE PARECE UNA BUENA OCURRENCIA, (QUE LO ESCRIBO EN ROJO Y CON MAYÚSCULAS PARA QUE ME SALTE A LA VISTA Y NO OLVIDARME). Y SI A MI AMIGO NO LE PARECE BIEN, O EN VEZ DE VOLOVANES PREFIERE CROQUETAS, O QUE LOLA NO SE CHUPE EL DEDO, O QUE ME OLVIDE DE LA BODA Y DE MI TÍA Y DE SU ENAMORADO PRETENDIENTE (MEJOR) Y DE MI TRAJE BUENO, ME TENDRÉ QUE ACORDAR DE OLVIDARME DE TODO ESTE ASUNTO Y BORRAR ESTE ARCHIVO, O DE CAMBIARLE EL TÍTULO (QUE SERÍA EN TAL CASO “ACORDARME”) POR Elaboración de masa (sin hojaldre) para croquetas, de bacalao tal vez — que la señora de Ramírez (madre) estará encantada de que le pida un poco, que no sabe qué hacer ya con tanto por culpa del papel para envolverlo para el pingüino del marido y la papiroflexia —; Y, SI TODO FALLA, NO SÉ QUÉ EXCUSA TENDRÉ QUE INVENTAR PARA QUE MI TÍA SE AVENGA A QUE DE BODA NADA (TAN ILUSIONADA QUE ESTABA) SIN MONTARME UNA BRONCA U ORGANIZAR UN DRAMA. O ME LAS ARREGLARÉ, A LO MEJOR, PARA CASARLA (YA VERÉ CÓMO) CON EL VEJETE DEL DESCANSILLO (AUNQUE ELLA NO HABLA INGLÉS), QUE SI SE ME OCURRE CÓMO HACER PARA QUE...
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Un tema, al parecer, muy desagradable
06/19/2024
Don Acisclo
http://valentina-lujan.es/R/Versparamote.pdf Le dije que exageraba. Que yo nunca… Me había pedido años atrás y al cabo de unos cuantos sin vernos que le hiciese un favor de suma importancia para él, y ahora — quiero en realidad decir entonces, cuando nos encontramos y estuvimos hablando del asunto —, una vez hecho el favor, me reprochaba no sé qué deslealtades y me culpaba de haber traicionado nuestra amistad. Entonces fue cuando le respondí exageras, y él con muy malos modos replicó no exagero en absoluto. – Claro que sí. Lo que pasa es que cada cual recuerda las cosas como le conviene. – ¿Me conviene; me reporta algún tipo de felicidad o beneficio el recordarlas como fueron? – ¿Cómo fueron? – Lo sabes perfectamente. – Eso es verdad; con tanta claridad que te cuento si quieres, punto por punto y palabra por palabra, qué pasó y de qué hablamos. Y como se quedó callado mirando el cenicero con gesto hosco, di por hecho que asentía y empecé a hablar, desde el principio; desde el principio aunque — entendiendo que había supuesto igual que yo que no teniendo ya temas comunes de que hablar después de tanto tiempo nos limitaríamos a cruzar algunas frases huecas en aquella acera abarrotada de la Carrera de San Jerónimo y a seguir cada cual nuestro camino — me salté el saludo y un par de trivialidades referentes al tiempo, por cierto, muy lluvioso. – Tampoco te contaré — dije —, puesto que tú mismo podrás recordar un cenicero lleno de colillas y dos paquetes de tabaco vacíos iguales que estos —, que nos habíamos equivocado los dos y que nuestra conversación fue bastante más larga. Omití asimismo el contarle que, al cabo de un rato recibiendo empellones de los que caminando con prisas y paraguas abiertos proferían improperios o algún seco perdón dedicándonos miradas hostiles, ahí estábamos: sentados a una mesa de un Cofee & Shop y departiendo, con perfecta naturalidad, como cuando éramos amigos inseparables. – Y, como entonces — hablé al fin, contemplando recuerdo las partículas de polvo suspendidas en un rayo del sol, cegador casi, de aquella mañana de verano radiante —, tu conversación giraba en torno a lo que había girado siempre. Y como siempre yo trataba de seguirla preguntándome, como me había preguntado siempre, por qué era precisamente a mí a quien elegías sabiendo que en una cuestión tan importante para ti, y que tan por completo te absorbía, jamás había sabido ayudarte. – Porque, vamos a ver — te preguntabas, le dije, me decías, angustiado ante la amenazante impavidez del papel en blanco; lo cual era un desperdicio lamentable, y perdona que haga este pequeño inciso pero eso tiene que quedar claro, porque mi sensibilidad fue siempre nula para el lenguaje literario — ¿Qué puede escribir alguien a quien ni gusta la novela ni sabe abordarla, ni se considera capacitado para escribir un ensayo ni, menos aún, posee los conocimientos suficientes de alguna materia como para que no lo paralice el pudor a la hora de exponer y desarrollar cualquier tipo de teoría? – ¿No es una pregunta demasiado larga? – No lo sé… ¿Cuánto puede importar lo larga que sea si está bien entonada? – Está bien entonada, sí — admitió —; pero me parece, y perdona que insista, que es una pregunta demasiado larga para poderla recordar con tanta precisión al cabo de los años. – A mí también — reconocí —, pero así es exactamente como la hiciste; aunque, si prefieres que te la repita con alguna pequeña variación… – No. No es necesario. – ¿Seguro? – Seguro. – ¿Sigo entonces? – Sí. No me gusta la novela. – ¿No te gusta la novela —te pregunté incrédulo, le dije — después de toda la vida intentándola? – Por eso precisamente: estoy harto. No sé abordarla, termino de decírtelo; he empezado varias y me pierdo, no sé estructurar un argumento... divago, me confundo... – Pues con ese panorama lo tiene chungo alguien, pero… – ¿Alguien? – Sí, bueno… El que ni le gusta la novela ni sabe abordarla ni se considera capacitado para… ¿De verdad no quieres que te lo pregunte de otra manera? – No. Así está bien. – Pero si ese alguien — seguí, mirando distraído las botas mojadas de una joven, con vueltas de piel — no se puede quitar de la cabeza el ser escritor, a mí me parece que la novela no puede ser muy difícil. – Eso es lo que tú te crees — Gruñiste. – Pues el ensayo — sugerí, y traté de animarte —: El ensayo no puede resistírsele demasiado a alguien que...
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Introducción a las versaciones de un chupaplumas
04/08/2024
El aprendiz de regidor
https://valentina-lujan.es/versaciones/versacintro.pdf Le dije que exageraba. Que yo nunca… Me había pedido años atrás y al cabo de unos cuantos sin vernos que le hiciese un favor de suma importancia para él, y ahora — quiero en realidad decir entonces, cuando nos encontramos y estuvimos hablando del asunto —, una vez hecho el favor, me reprochaba no sé qué deslealtades y me culpaba de haber traicionado nuestra amistad. Entonces fue cuando le respondí exageras, y él con muy malos modos replicó no exagero en absoluto. – Claro que sí. Lo que pasa es que cada cual recuerda las cosas como le conviene. – ¿Me conviene; me reporta algún tipo de felicidad o beneficio el recordarlas como fueron? – ¿Cómo fueron? – Lo sabes perfectamente. – Eso es verdad; con tanta claridad que te cuento si quieres, punto por punto y palabra por palabra, qué pasó y de qué hablamos. Y como se quedó callado mirando el cenicero con gesto hosco, di por hecho que asentía y empecé a hablar, desde el principio; desde el principio aunque — entendiendo que había supuesto igual que yo que no teniendo ya temas comunes de que hablar después de tanto tiempo nos limitaríamos a cruzar algunas frases huecas en aquella acera abarrotada de la Carrera de San Jerónimo y a seguir cada cual nuestro camino — me salté el saludo y un par de trivialidades referentes al tiempo, por cierto, muy lluvioso. – Tampoco te contaré — dije —, puesto que tú mismo podrás recordar un cenicero lleno de colillas y dos paquetes de tabaco vacíos iguales que estos —, que nos habíamos equivocado los dos y que nuestra conversación fue bastante más larga. Omití asimismo el contarle que, al cabo de un rato recibiendo empellones de los que caminando con prisas y paraguas abiertos proferían improperios o algún seco perdón dedicándonos miradas hostiles, ahí estábamos: sentados a una mesa de un Cofee & Shop y departiendo, con perfecta naturalidad, como cuando éramos amigos inseparables. – Y, como entonces — hablé al fin, contemplando recuerdo las partículas de polvo suspendidas en un rayo del sol, cegador casi, de aquella mañana de verano radiante —, tu conversación giraba en torno a lo que había girado siempre. Y como siempre yo trataba de seguirla preguntándome, como me había preguntado siempre, por qué era precisamente a mí a quien elegías sabiendo que en una cuestión tan importante para ti, y que tan por completo te absorbía, jamás había sabido ayudarte. – Porque, vamos a ver — te preguntabas, le dije, me decías, angustiado ante la amenazante impavidez del papel en blanco; lo cual era un desperdicio lamentable, y perdona que haga este pequeño inciso pero eso tiene que quedar claro, porque mi sensibilidad fue siempre nula para el lenguaje literario — ¿Qué puede escribir alguien a quien ni gusta la novela ni sabe abordarla, ni se considera capacitado para escribir un ensayo ni, menos aún, posee los conocimientos suficientes de alguna materia como para que no lo paralice el pudor a la hora de exponer y desarrollar cualquier tipo de teoría? – ¿No es una pregunta demasiado larga? – No lo sé… ¿Cuánto puede importar lo larga que sea si está bien entonada? – Está bien entonada, sí — admitió —; pero me parece, y perdona que insista, que es una pregunta demasiado larga para poderla recordar con tanta precisión al cabo de los años. – A mí también — reconocí —, pero así es exactamente como la hiciste; aunque, si prefieres que te la repita con alguna pequeña variación… – No. No es necesario. – ¿Seguro? – Seguro. – ¿Sigo entonces? – Sí. No me gusta la novela. – ¿No te gusta la novela —te pregunté incrédulo, le dije — después de toda la vida intentándola? – Por eso precisamente: estoy harto. No sé abordarla, termino de decírtelo; he empezado varias y me pierdo, no sé estructurar un argumento... divago, me confundo... – Pues con ese panorama lo tiene chungo alguien, pero… – ¿Alguien? – Sí, bueno… El que ni le gusta la novela ni sabe abordarla ni se considera capacitado para… ¿De verdad no quieres que te lo pregunte de otra manera? – No. Así está bien. – Pero si ese alguien — seguí, mirando distraído las botas mojadas de una joven, con vueltas de piel — no se puede quitar de la cabeza el ser escritor, a mí me parece que la novela no puede ser muy difícil. – Eso es lo que tú te crees — Gruñiste. – Pues el ensayo — sugerí, y traté de animarte —: El ensayo no puede resistírsele demasiado a alguien que como tú sabe enlazar frases hábilmente, y plasmar sensaciones o sentimientos de forma en cierto modo filosófica, pero accesible y muy cercana... O eso oí asegurar alguna vez a amigos, de esos que entienden... – No. – No te digo un tratado sesudo; sólo un ensayo. – Que no. – ¿Por qué? – Porque... — Recapacitaste...
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Nota preliminar a las versaciones de un chupaplumas
02/17/2024
Mario Zurita
https://valentina-lujan.es/alicia/verchupanotpreli.pdf Le dije que exageraba. Que yo nunca… Me había pedido años atrás y al cabo de unos cuantos sin vernos que le hiciese un favor de suma importancia para él, y ahora — quiero en realidad decir entonces, cuando nos encontramos y estuvimos hablando del asunto —, una vez hecho el favor, me reprochaba no sé qué deslealtades y me culpaba de haber traicionado nuestra amistad. Entonces fue cuando le respondí exageras, y él con muy malos modos replicó no exagero en absoluto. – Claro que sí. Lo que pasa es que cada cual recuerda las cosas como le conviene. – ¿Me conviene; me reporta algún tipo de felicidad o beneficio el recordarlas como fueron? – ¿Cómo fueron? – Lo sabes perfectamente. – Eso es verdad; con tanta claridad que te cuento si quieres, punto por punto y palabra por palabra, qué pasó y de qué hablamos. Y como se quedó callado mirando el cenicero con gesto hosco, di por hecho que asentía y empecé a hablar, desde el principio; desde el principio aunque — entendiendo que había supuesto igual que yo que, no teniendo ya temas comunes de que hablar después de tanto tiempo, nos limitaríamos a cruzar algunas frases huecas en aquella acera abarrotada de la Carrera de San Jerónimo y seguir cada cual nuestro camino — me salté el saludo y un par de trivialidades referentes al tiempo, por cierto, muy lluvioso. – Tampoco te contaré — dije —, puesto que tú mismo podrás recordar un cenicero lleno y dos paquetes de tabaco vacíos iguales que estos —, que nos habíamos equivocado los dos. Omití asimismo que al cabo de un rato recibiendo empellones de los que caminando con prisas y paraguas abiertos proferían improperios o algún seco perdón dedicándonos miradas hostiles, ahí estábamos: sentados a una mesa de un Cofee Shop y departiendo, amigablemente, como cuando éramos amigos inseparables. – Y, como entonces — hablé al fin, contemplando recuerdo las partículas de polvo suspendidas en un rayo del sol, cegador casi, de aquella mañana de verano radiante —, tu conversación giraba en torno a lo que había girado siempre. Y como entonces yo trataba de seguirla preguntándome, como me había preguntado siempre, por qué era precisamente a mí a quien elegías sabiendo que en una cuestión tan importante para ti, y que tan por completo te absorbía, jamás había podido ayudarte. – Porque, vamos a ver — te preguntabas, le dije, me decías, angustiado ante la amenazante impavidez del papel en blanco; lo cual era un desperdicio lamentable porque mi sensibilidad fue siempre nula hacia el lenguaje literario — ¿Qué puede escribir alguien a quien ni gusta la novela ni sabe abordarla, ni se considera capacitado para escribir un ensayo ni, menos aún, posee los conocimientos suficientes de alguna materia como para que no lo paralice el pudor a la hora de exponer y desarrollar cualquier tipo de teoría? – ¿No te gusta la novela, después de toda la vida intentándola? – Por eso precisamente: estoy harto. No sé abordarla, termino de decírtelo; he empezado varias y me pierdo, no sé estructurar un argumento... divago, me confundo... – Pues con ese panorama lo tiene chungo alguien — dije, mirando distraído las botas mojadas de una joven, con vueltas de piel —; pero si ese alguien no se puede quitar de la cabeza el ser escritor, a mí me parece que la novela no puede ser muy difícil. – Eso es lo que tú te crees — Gruñiste. – Pues el ensayo — sugerí, y traté de animarte —: El ensayo no puede resistírsele demasiado a alguien que como tú sabe enlazar frases hábilmente, y plasmar sensaciones o sentimientos de forma en cierto modo filosófica, pero accesible y muy cercana...O eso oí asegurar alguna vez a amigos, de esos que entienden... – No. – No te digo un tratado sesudo; sólo un ensayo. – Que no. – ¿Por qué? – Porque... — Recapacitaste un momento y, entornando un ojo, preguntaste —: ¿Cuánto se ha escrito en torno a Don Quijote, por ejemplo? – Mucho, supongo. – Muchísimo — Abundaste — ¿Pero para decir qué? – Ya sabes que yo... – Pues cosas tales — hablabas mirando, con cierto interés, a la joven de las botas; que estaba dando un beso en la mejilla... Versaciones
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Nota
01/12/2024
Don Alcibíades
http://valentina-lujan.es/V/Nota1.pdf Nota Puesto que estamos en el Inicio entiendo que lo primero que debo hacer es mostrar el aspecto original de esta página, el que se supone o supongo yo al menos que tuvo que tener algún día y seguiría ofreciendo casi idéntico si no hubiera desaparecido, por un lado, y, por otro, si yo no hubiese llegado nunca a ella tan sólo por haber encontrado aquel cuadernito que... Pero lo encontré, ¿qué quiere que haga? ¡Ignorarlo! Se me acaba de ocurrir que pude ignorarlo y... bueno: "No he visto nada". Pero lo vi, en cuanto llegué, no a la página - que eso fue después - sino a esta casa; el cuadernito, cubierto de polvo, en uno de los estantes vacíos de una estantería blanca, sucia, renegrida, de escayola, feísima... Era un cuadernito muy delgado, en tamaño folio, que en la portada... Pero para qué perder el tiempo en describírsela pudiendo enseñársela. Mírela, esta es. La ilustración, de trazo tan infantil, y el hecho de que estuviera impreso en letra muy grande me hicieron suponer, en aquella primera ojeada que le dediqué, que se trataría de un cuento para niños. Pero... ¡Qué título tan estrafalario!, pensé según lo depositaba de nuevo sobre la estantería polvorienta que... ¿No deberías limpiarla un poquito?, me pregunté. Me contesté que ya lo haría, cuando estuviera instalada, y me dediqué un rato a fumar cigarrillos paseando, de pared a pared, echando la ceniza al suelo y cuenta de si iba yo a tener tantos cuadros para tapar todas las marcas que habían dejado los del propietario anterior... ¡Qué titulo tan estrafalario! Así que, como el camión de la mudanza no llegaba, terminé poniéndome las gafas y sentándome en el suelo y... Bueno, te leeré, aunque sea; y leí , enterándome así de que existía, o había existido alguna vez, esta página web... Mira: ha rimado. Pensé ¡vaya bobada! - del cuaderno, claro - y lo volví a poner en el estante; y encendí otro cigarrillo, y luego otro, paseando, de pared a pared; y seguí echando la ceniza al suelo y cuentas de si iba yo a tener tantos cuadros para tapar tantas marcas porque... ¿Qué otra cosa podría hacer? Dediqué un buen rato a cavilar la forma de ingeniármelas para pensar en otra cosa; discurrí tanto que, lo recuerdo con claridad pese a haber pasado tantos años, hubo incluso un momento en que llegué a desear fervientemente tener una escoba, una sencilla y vulgar escoba para barrer tantas colillas desperdigadas por el suelo porque, aparte de que con la radio, o con mi ordenador, por supuesto que ni soñar, la habitación empezaba a estar hecha una cochambre pero, consideré, tampoco tenía cubo de la basura ni router para poderme conectar a Internet… “¿Qué otra cosa podría hacer?”. Creo que me empecé a poner nerviosa, a impacientarme; y sé que me puse de pie y miré por la ventana y vi el cielo azul con alguna nube que tapaba el sol y, al poco, la nube se movió y el sol entró hasta la pared de enfrente y pensé necesitaré unas cortinas y, cada vez más irritada al filo casi de la histeria, que si es que los cigarrillos se me tenían que terminar también. Sonó el móvil. Sentía tal ansiedad porque algo, lo que fuese, pusiera fin a aquella sensación de algo tan parecido a la impotencia que me abalancé sobre el bolso tirado en un rincón y lo busqué, el móvil, afanosamente, pero cuando logré... ... Y ahora voy y me encuentro, sin saber ni cómo ni de dónde sale, a esta individua de la manecita que se perdía, para mí y para el mundo y para todo, sin dejar el menor rastro aquí. Esto es, lo digo de verdad, para volverse loca y marcharse a Australia y olvidarse de todo; pero no puedo marcharme porque aunque no se entere nadie una tiene su orgullo y tengo que seguir tirando el dado no sé si hasta que consiga entrar en el cielo o hasta que me muera porque — aquí se ve muy bien — la cosa está muy reñida y si por la circunstancia que sea me vuelvo a quedar en la mismita puerta y me sale un 6 ahí tengo esperándome a la calavera. Y es que el que inventó el jueguecito un poco de mala sombra sí que tuvo, que sólo con que la hubiese puesto en el 57 y no en el 58 sí que podías salvarte. Pero así no. Anda que, entre unas cosas y otras, vaya enfado y qué humor más malísimo que tengo. Papeles
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Elaboración de masa de hojaldre
08/19/2023
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/elabordem.pdf que le dije que le agradecía, pero que me parecía un trabajo superfluo porque yo me arreglo con cualquier cosita y con un huevo frito con patatas me quedo tan contento, y que masa de hojaldre para volovanes, pues para qué… – ¿Para qué, Lola, masa de hojaldre para volovanes? – Pues para hacer volovanes para rellenarlos de crema de gambas para rellenar volovanes; que también tengo que hacerla. Y echó una ojeada a su reloj y, en tono apremiante, a mí que dejara de importunarla con tontadas y fuese poniendo la mesa. – No necesito mesa — respondí —; sabe perfectamente que siempre que como en casa lo hago en la bandeja del Derby de Epsom. Y hoy, que apenas tengo hambre porque si no he ido al ministerio es porque tengo gripe… – Para cuatro — indicó. – ¿Qué cuatro? – Pues usted, su madre, su tía y el capitán. – ¿El capitán? – Sí — ella —, y no me quiera confundir. Hoy no ha ido al ministerio porque es sábado. Y su salud perfecta. Y la comida es especial, un poquito de ceremonia como si dijéramos, así que haga el favor de irse arreglando. – ¿Para celebrar que es sábado y mi salud perfecta? – Para recibir a sus invitados. No sea ganso. – ¿Me pongo el chaqué? — Pregunté con un punto de ironía. – No hace falta exagerar. Pero uno de los trajes buenos, y una corbata bonita, y los gemelos de su tía Luisa que, por cierto, se va a sentir un poquito dolida de no haber sido invitada para ocasión tan señalada… – ¿Y cuál es entonces la que viene? – Pues la del capitán ¿O es que no termino de decírselo? – Y dale con el capitán, Lola ¿De qué capitán habla? – Pues del barco ¿De qué capitán va a ser? – No sé de ningún barco, Lola, ni de ningún capitán… ¿Ha consultado su agenda; está segura de que hoy no es martes y que no tendría que estar en cualquiera de sus otras casas? – No es martes — replicó terca, abriendo el horno —, y donde tengo que estar es exactamente en esta cocina porque usted mi pidió por favor, eso sí fue el martes, que viniera a preparar la comida por lo de… ya sabe, y me figuro que no tendré que ser yo quien lo ponga a usted al corriente de sus acontecimientos familiares, pero, si usted se empeña… – Me empeño. – Bien, pues se lo cuento. Aunque es usted un poquito exasperante — ahora debía de estar haciendo la crema, de gambas, y apretaba botones en la batidora — ¿O me va a decir que yo me he inventado lo de la (…)? – ¿La qué? – ¿Decía? — ella, parando la batidora. – Que se ha inventado, con el ruido de ese chisme no he podido entenderla, no sé qué… – Es justo lo que le estoy diciendo — apretó otra vez el botón y alzó la voz — ¡que no me lo he inventado! Y la volvió a parar. – No, si eso ya — yo — Pero que lo de la qué. Quiero decir. – Vamos a ver — ahora sacaba con una espátula la crema de la batidora y, con mucha pulcritud, la iba poniendo en un recipiente de cristal —; su tía, ¿no estaba de viaje? – Por las islas griegas, sí. – ¿Y en qué medio de trasporte viajaba? – Pues, si era un crucero, en un barco… ¿Voy bien? – Estupendamente — colocó el recipiente con la salsa en la nevera, y la cerró. Y haciendo girar su muñeca estiró el índice y, señalando donde el dedo al buen tuntún quiso apuntar, agregó —: Pues de ese barco, de ese barco precisamente es capitán de navío el capitán de navío que viene a pedir la mano de su tía… ¿lo ha entendido? – ¿La mano de mi tía? – Eso es — Y se chupó el dedo de salsa. Y se lavó las manos al grifo. – ¡Pero si mi tía es un callo! –Chist — Terminó de secarse las manos y se llevó el índice a los labios y, en voz baja — ¿O quiere que lo oiga Indalecio? – ¿Qué, que va a chivárselo? – Pues por qué no, con lo listo que es y tanto como habla. Y que ahora, entiéndase quiero decir “entonces” porque “ahora” yo estoy en otra parte y en otra historia y a saber dónde estará Lola, la disculpase — dijo, sin marcar más pausa que el punto (.) y tirando de la lazada de su delantal — pero tenía que marcharse. – ¿Sin haber terminado los volovanes? – El libro que está escribiendo no es de cocina — Respondió alzando la voz, que me llegó desde el pasillo mezclada con el repiquetear de sus tacones. Y, antes de que la puerta de calle se cerrase a su espalda (tuve que imaginar, porque no la veía), agregó que el resto era asunto mío. Pero no me preocupé — escribo —porque pensé que aquello era tan sólo otro fundido en negro, de esos que gustaba utilizar mi amigo y que ya había empleado la tarde en que, en la cafetería, Manolita se puso muy nerviosa porque un tipo musculoso amenazó con liarse a tiros si no aparecía de inmediato un abridor. – ¿Y qué pasó con él? — Mi madre, que hoy no se ha conformado con leer por encima de mi hombro sino que ha echado mano tan resuelta a los cuatro folios que llevo escritos y, tras leerlos bisbiseando (que no sé para qué hago una aclaración tan innecesaria cuando... Versaciones
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Consternada ante la perspectiva
08/15/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/consternada.pdf de quedarse sin empleo en una época en la que, para colmo, andaba embarcada en una hipoteca porque estaba ya hasta la coronilla, dijo, de compartir piso con un par de cajeras de supermercado y un físico nuclear que se pasaban la vida riñendo a ver a quién tocaba hacer el baño y fregar los platos; y se había comprado un pequeño apartamento que “ahora, por culpa de todos ustedes , no sé qué voy a tener que hacer para pagarlo” se puso de pie tras pronunciar su dolorida alocución plagada de tintes nostálgicos recordando ella cómo, proveniente de una pequeña capital de provincias de clima más bien frío y bastante lluvioso pero muy bonita con su magnífica catedral gótica, había llegado muy joven a la capital como quien dice con lo puesto huyendo del hogar familiar y de un padrastro lascivo que… Alzó en este punto la mano Sonia, impidiéndole con su gesto sereno terminar la exposición de unos hechos que intuía — y no es que se hubiese manifestado Sonia hasta el momento como persona intuitiva, o yo por lo menos no había reparado en ello; pero si ahora afloraba esta nueva faceta de su carácter entendí que sería prudente, para lo sucesivo, tenerla en cuenta — “pueden contener — dijo — detalles o pormenores escabrosos tal vez no muy aptos para ser escuchados por los niños” para, de inmediato y llevándosela a la cabeza, girarse hacia mí y en tono muy alterado increparme con que si es que no iba a ser posible hacer carrera de mí, y que si seguíamos en ese plan terminaríamos desquiciados y con los nervios hechos trizas, sin ser capaces de reconocernos siquiera no ya los padres a los hijos y estos a sus padres sino cada cual a sí mismo y a sus propias reacciones. – ¿O le parece coherente que me ponga — me preguntó enfadada — remilgosa y ¡oh, cielos, delante de los niños! cuando venimos de decir, de decirlo yo personalmente no hace ni cinco minutos, ¿que estos niños de ahora saben latín? – ¿Cinco minutos, Sonia — objetó su marido —cuando lo de la mariposa fue a primera hora de la noche y ya está, mira por la ventana tú misma y podrás verlo, empezando a clarear? Y que habían sucedido muchas cosas desde entonces y que se acordara, por ejemplo, cómo en Velázquez esquina con Jorge Juan tuvimos que cambiarnos de taxi porque un chiflado se saltó el semáforo y nos embistió… – No era Jorge Juan sino Villanueva — ella, que además de intuitiva comenzaba a revelársenos como buena observadora —; lo recuerdo perfectamente porque el coche nos embistió por la derecha. – Perdona, querida, pero no. Además… — se volvió Ramírez hacia mí —, ¿qué dice exactamente el manuscrito? – ¿Qué manuscrito? — Sonia, en tono sarcástico muy parecido al que emplease la tarde de las judías diciendo par de adorables querubines justo antes de, pasando sin solución de continuidad a un tono airado, gritarme hecha una furia “cantamañanas cursi del carajo” y dar, acto seguido, un portazo — ¿Qué manuscrito, Román, si no hay ningún manuscrito, si se lo está inventando todo… – ¿Me lo estoy inventando todo? — Repliqué en tono también sarcástico porque, entendí, el colocarme en su misma tesitura podría mantenerla a raya, a raya y no sólo a ella sino también al desarrollo de unos acontecimientos que, me terminaba de dar cuenta con enorme estupor, se me empezaban a escapar de las manos... ---- Polaco él, empleado como tantos centroeuropeos venidos a España por aquella época de peón en una empresa constructora, con el que tras conocerse chateando por internet y tomar un par de copas había entablado una relación sentimental y, juntos, habían alquilado un pequeño apartamento. Hipó, sonándose la nariz con un kleenex y despreciando el pañuelito que con tan buena voluntad e ímprobo esfuerzo el chico había centrifugado en atención a un abuelo que, y bien patente había quedado, ni merecía tantas contemplaciones ni había necesitado quizás nunca la colaboración del pequeño ni para entender ni para expresarse. Haciéndome sentir — ahora, no entonces — reconfortado porque “ésta es — me dije — mi Sonia”, la Sonia de la que yo solo (bueno, con alguna ayuda de mi amigo, claro) y con mi propio esfuerzo había logrado hacer una esposa, y una madre, y una nuera y, si las musas y la diosa Fortuna se ponían de acuerdo para no darme la espalda… Pero preferí, “ahora”, centrarme en lo que me estaba ocupando y no perderme en fantasías que, si sí me la daban, terminaría todo como el cuento de la lechera por culpa de, como decía mi... Versaciones
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El Laberinto Dibujado
07/03/2015
Giambattista Russo
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"Tensión"
12/24/2024
Eva Moreno
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Los Cuentos del Señor Pipoka
09/26/2022
JESUS RUIZ LOPEZ Jose Such Buades ,
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