Morgan Venator desciende de un largo linaje de cazadores natos, desde el comienzo de su familia en España, y esa habilidad para la caza y su adoración y respeto para los ciervos y la luna había cautivado a la diosa Artemisa, que observaba pasar el poder de la sabiduría de como disparar en el punto justo de padre a hijo por largas generaciones. Los observaba desde el Olimpo fuera donde fuera la civilización occidental, y cuando esta se movió del hogar de aquella legendaria familia hacia Nueva York, la diosa buscó la forma de que aquel linaje se moviera con ellos y les siguiera el rastro.
La familia Venator era la única familia que, hasta en la actualidad, no habían perdido su más antigua habilidad y seguían conservando todo los antiguos códigos. El único fallo, según Artemisa, era que esta familia producía hombres. Hombres fuertes, guerreros, hábiles, amorosos y fieles con sus esposas, pero hombres al fin y al cabo. Y eso, para aquella diosa, era un fallo atroz para sus planes. Porque ella quería que aquella familia mortal que tanto respetaba se uniera a sus doncellas, pero no podían. Porque eran hombres. Y a pesar de ser una diosa, no podía hacer nada para cambiarlo. Solo debía dignarse a esperar a que por alguna razón, nazca una descendiente niña de los Venator. Y así fue.
Después de casi diez generaciones de solo producir hombres, por fin en el siglo veintiuno nació una niña. Morgan Elizabeth Venator, una jovencita fuerte y dedicada que vivía en un pequeño apartamento de Nueva York junto a su padre, quién había tratado de inculcarle el talento de la caza a su pequeña hija hasta que su esposa falleció por un gran animal salvaje, y se vio obligado a mudarse junto a su hija de cinco años de edad hacia la gran ciudad de Manhattan, escondiendo cualquier indicio de su anterior vida como cazador.
Cuando Morgan desarrolla un profundo odio hacia los hombres tras el rompimiento con su último novio Joey, le dio la pauta a Artemisa que ella era la doncella que había estado esperando luego de tantas generaciones de hombres. Pero Morgan tendrá que decidir. Entre la diosa que la protegió desde niña o entre el hombre que podría ser el amor de su vida, que seguramente la va a desilucionar como todos los demás. La decisión incorrecta puede traer un caos al mundo y una gran revolución en el Olimpo, ¿cómo elegir con tanta presión encima?
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