Para acostumbrarse al infierno cualquier cosa sirve. Tu mano toca la orilla. El fuego. El filo. La libertad y el miedo de tu mano. Entonces, todas las ramas de mi corazón, se quedan sin hojas. Sabes? Van cayendo con un chasquido apenas audible (quizás es solo silencio) pero retumba como un trueno dentro del pecho. Una tras otra forman un charco de sangre seca. Hojas de corazón. Sangre seca.
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