Pequeña mía… te estuve buscando,
te escondiste tantas veces
cuando el mundo te hacía daño.
Sé que aprendiste a callarte,
a hacerte pequeña,
a no molestar…
pero hoy te vengo a buscar.
Yo sé lo que sentiste,
el miedo en la garganta,
las noches sin estrellas,
la soledad que espanta.
Pero mírame ahora, aquí estoy
y no pienso soltarte.
Ven, sal de ese rincón
donde aprendiste a taparte.
Porque no fue tu culpa
lo que tuviste que aprender.
Porque sobreviviste
cuando no sabías cómo hacer.
El cielo es el límite,
pequeña, mírame.
Todo lo que temías
ya no tiene poder.
El cielo es el límite,
ven que te enseñaré
que dentro de tus manos
hay un mundo por nacer.
Si tiemblas, te sostengo.
Si dudas, yo te entiendo.
Si lloras, aquí espero.
Si caes, yo te elevo.
No tienes que ser fuerte,
solo tienes que ser vos.
La vida te hizo sombras,
pero hoy vuelve la luz, amor.
Ven, que tu historia sigue,
que tu voz merece ser oída.
Yo camino a tu lado,
sanaremos las heridas.
Poco a poco, suave,
sin prisa, sin castigos.
Te prometo que esta vez
no te dejo sin abrigo.
El cielo es el límite,
pequeña, créeme.
Eres más de lo que el miedo
una vez te hizo creer.
El cielo es el límite,
mi niña, mírate…
La calma que buscabas
ahora crece dentro de tu piel.
Y cuando dudes de quién eres,
yo te recordaré:
eres fuerza, eres ternura,
eres sol amaneciendo otra vez.
El cielo es el límite…
y hoy te toca renacer.
All rights reserved