SOFÍA REINA DE ESPAÑA
No hizo ruido al llegar,
como la brisa temprana,
que entra y acaricia el alma,
sin pedir nada más.
Traía sangre de reyes,
pero un gesto de calma,
de quien no alza su nombre
ni presume su llama.
Vivió entre tronos y cielos,
entre tormentas y abrazos,
entre sonrisas de hielo
y silencios escasos.
Y aun así, nunca faltó,
ni en la sombra ni en la herida,
porque su fuerza brotó
del deber y de la vida.
Sofía,
reina sin trono, reina del alma,
con la mirada serena y clara,
con la nobleza que nunca se apaga.
Sofía,
nombre que suena a esperanza,
a dignidad que nunca descansa,
a la fuerza de amar sin palabras.
Ni el desamor la venció,
ni el brillo ajeno la hiere,
hija, hermana, madre, esposa,
pero reina de quien ella es.
Cuando el mundo la señalaba,
ella callaba y seguía,
cuando su casa temblaba,
ella firme sostenía.
Y si el tiempo la olvidaba,
respondía con su sonrisa,
como un eco que aún reposa
entre historia y poesía.
Sofía,
no necesita corona ni sala,
basta su nombre, su voz templada,
para entender lo que es la talla.
Sofía… Sofía…
reina del alma,
eterna y humana,
luz que no se apaga.
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