Esta obra es quizá la que más tiempo me tomó realizar. Es una de esas con la que el artista no logra conciliar y que al paso de los años va madurando. Efectivamente, la inicie con una simple ilustración de un pez al que traté de dar una dinámica con algunos efectos visuales, transformándolo con variaciones que con el paso del tiempo no lograba satisfacer mi objetivo sintiendo que algo faltaba. Mi meta era lograr dar a la obra una dinámica de volumen y movimiento, algo así como una combinación entre Escher (las metamorfosis en sus teselaciones) y Vasarely (con sus ilusiones ópticas del op art). No fue sino hasta que empecé a experimentar con el arte del “Teselado-Origami” cuando finalmente encontré el complemento que buscaba integrar a mi obra; un carácter intermedio entre pintura y escultura, sin serlo, que pone al observador a correr en pos de realidades huidizas en cada cambio del ángulo de observación. La obra en vivo, a diferencia de verla en foto, crea la ilusión de los peces saltando fuera del lienzo al combinarse el diseño del teselado, cuya forma no es dibujada, y la ruptura de éste con el diseño de los peces que según como se vea, van hacia la izquierda, derecha, hacia arriba o abajo.
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