Mí otoñada incansable
de mirar abusón,
donde se ajan las violetas de
de mi acordeón.
Edad de mí corazón,
que arrollas mí cuerpo,
en la ráfaga del viento
efímero, de mirar abusón .
Ajas las violetas de mí acordeón,
presentes en todos mis sueños.
Roza tu aura flotante,
mi otoñada incansable,
bajo tu rostro de arpía,
hiriente cual arpón.
Te llevas las hojas, el polvo, y la arena,
que valsan, al compás de mi canción,
sobre las aspas de tu molino,
un robo más para tu arcón.
Los huesos se apilan,
como la hojarasca podrida,
en las esquinas del camino,
en tu noche dormida,
en el frío de tu iceberg,
bajo tus púas que aniquilan,
y ahorcas mi corazón.
Carmen Silza
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