Con el paso de los años, el conocer y el degustar, no puedo evitar ir cogiéndole más tirria a Neruda y sus ojos de pez. No obstante, hay algo por lo que me veré siempre obligada a estarle agradecirda, y es un breve episodio relatado en su autobiografía Confieso que he vivido (y como en todas partes hay blanco, negro, gris y fosforito, también contiene este libro el relato de una escena que, puesto que su autor ya está demasiado muerto como para que nos sirva de algo enfurecernos contra él, nos d
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