©Emilio Ramón-Suikawari
Dejarlo todo para empezar una vida nómada tiene retos constantes. En algunos momentos tienes ganas de volverte a casa, hasta que te dices: «Un momento, ¡¡¡pero si ya no tengo casa!!!». Y ahí ya no sabes si echarte a llorar y hundirte en tus infiernos o elevarte cual globo a través de la risa, como hacía el Tío Albert en Mary Poppins. Empezar esta Odisea todavía frágil te garantiza que, aquello que pensabas dejarte en la zona de confort, se viene contigo en la mochi
All rights reserved