En realidad, Luis era muy apreciado en su oficina: edad mediana, aspecto cuidado, comportamiento afectuoso pero correcto y eficiencia siempre a la altura de las dificultades. Nadie en su trabajo conocía su pequeño secreto, ese que le atormentaba día y noche, que le obsesionaba hasta el punto de hacerle casi enloquecer cada vez que se asomaba a su interior. No era digno, y él lo sabía, de la devoción que los suyos: subordinados, compañeros y jefes le profesaban. ¿Hasta cuando podría mantener esa
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