Al hombre le gusta lo desconocido, porque lo conocido le es ya tan familiar, que le resulta trivial y aburrido; por eso, busca en la profundidad de la noche brujas, fantasmas y monstruos escurridizos, para después tenerles miedo.
Nessi, del Lago Ness; Pie grande, Yeti, el abominable hombre de las nieves; vampiros, nahuales y cientos de criaturas más, alimentan la imaginación de las personas y emergen sus historias a la pálida luz de una vela o al calor de una fogata, en una noche de plenilunio; pero... ¿qué sucede cuando estas historias provienen de personas reales que no gustan de las historias de terror, que son la mayoría racionalistas y puede que hasta no creyentes?
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