Mason está preocupadísimo porque ha perdido a su gata embarazada. Pero cuando
descubre que la hija de su guapísimo —y muy heterosexual— vecino se la ha llevado,
decide tomar cartas en el asunto. Aunque para ello tenga que llamar a la puerta del
vecino buenorro que ni siquiera se digna a saludarlo cuando se cruza con él. Aunque
para ello tenga que enfrentarse a un miedo aún mayor: tener que hablar otra vez con esa
niña.
No le gustan los niños, son raros y complicados, y él quiere una vida tranquila y
sencilla: quedar con el chico que le gusta de Soul Finder, la aplicación de citas que
promete darle un futuro amoroso brillante, y volver a casa con sus seis gatos —ahora
cinco— y sus dos perros.
Grant no espera encontrarse a su vecino, el loco de los gatos, frente a su puerta justo en
la noche en la que su cita de Soul Finder —la aplicación en la que se dio de alta porque
su exnovia casi casi lo obligó a punta de pistola— le ha dejado tirado por tercera vez.
Siempre que ve a su vecino, lo huye; es guapo a rabiar, extraño y él no necesita
complicaciones en su vida. Quiere paz junto a su niña de ocho años, seguir grabando sus
programas de cocina y organizar caterings para los mejores restaurantes de la zona.
Pero cuando encima descubre que el loco de los gatos —también conocido como el
paseador de perros— tiene aversión por los niños, el «no» en luces de neón no puede ser
más claro. Mason y él no están destinados a ser.
¿O sí?
Seis gatos, dos perros y una pareja quizá son muchas complicaciones. O quizá la receta
infalible para triunfar en el amor.
Adéntrate en Soul Finder 3: romance LGTB joven, vecinos, padre soltero, diferencia de
edad, dominante/tímido, destinados a ser.
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