Cierta madrugada hace ya unos años entré en el chat que frecuentaba por aquel entonces. No sé si en busca del amor de mi vida, o de alguien que me entretuviera hasta que me entrara el sueño, pero lo cierto es que acabé encontrando algo más que lo segundo, y ni mucho menos lo primero. A horas intempestivas, y en las normales también para qué engañarnos, los chats acaban poblados de la fauna más esperpéntica, camlovers, analfabetos con pretensiones, locas del coño, filósofos, muñequitas, narcisos,
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