Cuando Gabriel salió a la calle, lo primero que hizo fue tratar de ubicarse. No tenía ni la menor idea de dónde se encontraba. Así que, detuvo al primer viandante que se cruzó en su camino. —Perdona, ¿en qué parte de la ciudad estoy? El joven le miró desdeñoso. Arrugó el entrecejo y le repasó de arriba abajo con desfachatez. El aspecto desaliñado de Gabriel no ayudaba demasiado, ni aquel pelo castaño enmarañado, ni ese fuerte hedor a whisky. —Estás en Brooklyn —apresuró a contestar para largars
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