De camino a casa de Josefa, que no estaba muy lejos de su propia casa, Antonio decidió templarse con un café. Entró en el primer bar que encontró y justo cuando iba a pedir sonó su teléfono.
—¿Sí?— Contestó Antonio sin mirar siquiera la pantalla.
Al otro lado hubo silencio.
Repitió el saludo:
—¿Hola?, ¿Sí, Quién es?.
Pero el único que contestó fue el silencio de nuevo. Miró la pantalla y aparecía un número de móvil que no tenía guardado en la agenda. Cuando se volvió a colocar el aparato en la
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