Podemos relacionar el concepto de autoorganización a un sujeto que, siendo configurado como un sistema abierto, está plenamente circunscripto por el segundo principio de la termodinámica por lo cual recibe energía del entorno en el que vive, pero al mismo tiempo, depende de información constante del entorno en el que habita para autorregular sus comportamientos relacionales y conservar su modo de vida.
En tal sentido, al mantener esta autoorganización y autonomía plena, no se le presentarían las necesidades externas para conservar su propio modo de vida, en esta conceptualización, la libertad del sujeto se constituye en su capacidad reflexiva y la oportunidad de elegir en sus conductas para conservar su modo de vida. Esta diversidad de elecciones siempre en el entramado dentro de los limites organizacionales y estructurales que lo definen en cada momento de su ciclo vital. El envejecimiento es una evidencia clara de esta dinámica, siendo un proceso emergente en los tramos finales de la existencia humana, en el cual un sujeto que así se percibe en su ser, en un espacio, su tiempo y en su ciclo biológico de nacer, vivir y morir.
Advertimos así, el proceso de senescencia replicativa celular que relaciona tanto la salud de la juventud como el decaimiento de las células en edades avanzadas, como una etapa considerada incluso desde la OMS en la conceptualización del envejecimiento activo para tomar en consideración nuestro comportamiento y las cosas a las que nos exponemos a lo largo de toda la vida, pero más precisamente en los tramos finales de ese ciclo vital íntimo y personal.
Es importante destacar que el proceso de envejecimiento es un cambio de fase, en el que se promueve el replanteamiento de nuestras vidas, y que, si esto no sucediera de esta manera, y si tuviéramos la capacidad de regenerarnos biológicamente porque nuestras células pueden realizar una transdiferenciación transformándose en otro tipo diferente de célula fuera de su ruta de diferenciación ya establecida; entonces, ¿Tomaríamos conciencia de nuestra finitud en el mundo que nos rodea? Trascendemos esa conciencia de la finitud de nuestra existencia gracias al mismo proceso por el cual morimos.
Nuestra libertad surge a partir de nuestra propia autonomía reflexiva, a partir de nuestro esfuerzo por comprender la dinámica y complejidad que enmarca la realidad como una experiencia que definimos y que nos define en el instante presente cambiante continuo que habitamos. Este es el proceso de nuestra autopoiesis donde experimentamos la autoorganización recursiva donde los efectos de esa autoproducción son los productos para enriquecer nuestra propia vida y llevarla a una instancia superadora. Ese bucle circular es nuestro círculo virtuoso que dimensiona nuestro ciclo vital en la propuesta de los cuatro pilares para un envejecimiento saludable.
En ese entramado organizacional donde se desarrolla el ciclo de vida humano, los seres vivos conservan su forma de vida en coherencia operacional con ese entorno donde el hombre puede acometer su vida repitiendo sus certezas equivocadas o no; o puede abrirse a las oportunidades y las preguntas acerca de cómo desea transitar la etapa de la vejez. Lo cierto es que la realidad emerge para el sujeto en el momento del presente en el que vive, y es su absoluta responsabilidad ejercer las distinciones cognitivas determinadas por su estructura y autoorganización como exponente de esta preciosa vida humana.
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